
Aprovecho que este fin de semana hubo una tormenta de nieve para “actualizar”, finalmente y solo un poco, nuestro abandonado blog. Hace una semana fue la corrida de ‘Santas in speedo’ e hizo un poco menos de frío que el año pasado. También paso el día de dar las gracias, que estuvo bien bueno, pero sin la novedad del año pasado (ni la torta de milhojas) y pasaron el mes de la hispanidad (“the Hispanic Heritage Month) y el mes de la patria, y con este ultimo el asado de los chilenos en Harvard, también entretenido, pero sin celebridades ni quebrados (y ni siquiera conocíamos al ganador de los pasajes). Sí tuvimos algunas nuevas aventuras en torno al pastel de choclo, que espero postear próximamente… Pero, lo que si ocurrió, y por primera vez como se habrán enterado, fue la elección del nuevo (futuro) presidente Obama. Las elecciones en el país que se llama a si mismo América, como se acordaran, fueron hace como un mes y medio. Esa noche saque la foto del letrero, que estaba en Columbus con Mass Ave -a dos cuadras de nuestro depto-, sin imaginarme que este seguiría ahí por por lo menos por dos semanas más. El broche, que aparece al lado, lo encargamos a través de un link en Facebook que lo ofrecía gratis en Septiembre, como un souvenir de la elección. Llego convenientemente el fin de semana antes del 4 de Noviembre, me imagino que para que nadie cambie su intención de voto pensando que Obama es un mentiroso incumplidor (como los de Greenpeace: pregúntenle a
la Maria Isabel). De la campaña me imagino que también habrán escuchado hasta el cansancio en las noticias, así que solo voy a mencionar un par de cosas: 1) acá –afortunadamente- no empapelan las calles con propaganda. Uno a lo más ve algunas casas que ponen letreros en las ventanas o en el jardín, y uno que otro auto. Rara vez había algún póster de Obama (famoso por la grafica de su campaña) en algunas murallas de edificios en construcción, y probablemente con el permiso de los dueños; sí empapelan la tele: gastan mucha plata y los avisos llegan a dar vergüenza de lo malos que son (aunque mejor no opino porque no vemos mucha tele). 2) el titular del diario Metro (Publimetro para los santiaguinos) dos días antes de la elección fue algo así como: “Ningún candidato dejó que la verdad se interpusiera en su camino”. Esto porque según algún instituto de estudios que se dedico a analizar las aseveraciones de ambos candidatos durante la campaña, estas en un gran porcentaje no se condecían con los datos reales, y concluyeron que había sido la campaña más mentirosa de la historia de EE.UU. (acá hay institutos para todo: otro, de Lingüística, informo que durante el ultimo debate presidencial McCain hablo en un lenguaje apropiado para un alumno de séptimo básico, mientras que Obama de uno de primero medio).
Y llegando al día de la elección misma, no siendo los gringos muy famosos por sus habilidades celebratorias, arruinan bastante la diversión de la “fiesta de la civilidad”. Para empezar no es feriado, así que todos tienen que votar antes de ir al trabajo, o en la hora de almuerzo, o al salir (abren como hasta las 8 pm). Como el voto es electrónico suele ser bastante rápido (salvo cuando “se cae el sistema”, lo que no es raro). Y ni siquiera se entintan los dedos: los que quieren se llevan una calcomanía de “I voted”, que igual sirve, porque hay locales que ofrecen un helado gratis a los que votaron ese día. Y en la tarde todos se van a la casa temprano para ver los resultados por la tele, que por suerte salen rápido (gracias al conteo electrónico).
Esa noche, cuando los resultados ya eran predecibles decidí salir a sacar la foto que esta arriba y ver el ambiente en la calle. Parece que justo salí cuando que estaban anunciando la victoria de Obama, porque cuando llegué a Mass Ave se escuchaban algunos gritos y los estudiantes de Northeastern University empezaron a salir de sus “dorms” (que están un par de cuadras más allá) a celebrar y darse abrazos (parece que lo mismo, pero a mayor escala -pararon el transito-, pasó en Harvard Square). Después de la foto se me ocurrió ir a Anchovies, que es como el bar de la esquina de nuestro barrio (de hecho se ha ganado varios premios al mejor bar-de-la-esquina o ‘Neighborhood bar’). Es divertido porque es como el bar de Moe, y las teles que normalmente tienen los deportes en silencio, ahora, obvio, estaban puestas en cnn y con sonido. Y había un pushing-ball/mono porfiado inflable con la cara de McCain. Me senté en la barra y estaban los de siempre, incluyendo un par de parejas gay, y más algunos extranjeros. Casi todos conocían al barman por su nombre (Mark según me enteré). También llegó la barwoman que le tocaba trabajar la noche siguiente, solo para compartir. Y fue como en las películas: cuando salio McCain a reconocer la derrota subieron el volumen de la tele y todos mirando. Había una señora negra que se notaba que llevaba harto rato celebrando que de repente hacia unos comentarios, pero rápidamente la hacían callar. Y al final, pese a las pifias iniciales, todos terminaron aplaudiendo a Mccain. Después de un rato apareció Obama a hacer su discurso (era raro porque estaba como dentro de una pecera en el escenario, por seguridad me imagino, pero, comentando al día siguiente en el lab, casi ninguno de los gringo se dió cuenta), que le salio bien bueno, aunque se notó que lo tenia más que preparado, y más aplausos. Aunque, al principio, cuando salió con su familia, la barwoman que estaba de público no se pudo contener de gritar "que feo el vestido" (y parece que no fue la unica, al menos según el NY Times (ver)).
Después de eso ya casi todo el mundo se empezó a ir, y yo hice lo mismo porque ya se me había acabado la cerveza. Casi no había nadie en la calle y muy de repente pasaba un auto tocando la bocina. Al día siguiente todos llegaron contentos al lab pero no hubo ningún escándalo mayor. Y hoy día, mientras esperaba la micro, me toco escuchar a un señor que quería organizar una fiesta de disfraces para el día del cambio presidencial. El tema iba a ser 1929, la Gran Depresión, y no iba a poner comida, sino que iba a pedir que la gente llevara sus propias sobras.