Sunday, December 23, 2007

Santas in Speedo


Una pintoresca tradición navideña bostoniana de este siglo (nacida el año 2001) partió cuando cuatro veiteañeros, sufriendo una crisis de crecimiento al borde de los 30, decidieron “hacer una locura como las que hacíamos antes”. Así que en plena temporada de compras navideñas se fueron al centro de Boston vestidos solo con sungas rojas como los famosos trajebaños de natación marca Speedo, gorros de viejo pascuero, zapatillas y una radio portátil con un cassette de villancicos, y se pusieron a correr entre la gente haciendo turnos por quien llevaba el tocacassette. Por cosas que pasan casi solo en este país el asunto no terminó solo en las risotadas finales de los participantes ni en los recuerdos de los sorprendidos bostonianos que fueron los circunstanciales testigos del “evento”, sino que creció hasta convertirse en una corrida anual para juntar fondos para una obra de caridad, organizada por algunos de los mismos corredores originales. La obra beneficiada cambia todos los años y las recaudaciones han ido aumentando hasta varias decenas de miles de dólares. Cada corredor debe conseguir auspicios para pagar la inscripción: módicos 250 dólares. Así y todo, se junta un montón de gente, que hasta viene de otros estados a correr (también ha habido iniciativas para exportar la corrida a otras ciudades). El rito es el siguiente: se juntan todos en un bar como a las 10: 30 de la mañana para pagar las inscripciones y “entrar en calor”. A la una de la tarde todos se sacan la ropa, excepto las reglamentarias sungas, tangas, adornos navideños y zapatillas y parten a correr una larga vuelta a la manzana de más o menos media hora por el sector comercial del centro de Boston, entre los aplausos y flashes de los vecinos, paseantes y curiosos (como nosotros) y luego, de vuelta al bar para pasar el frío. Y de ahí a las páginas sociales del Boston Globe, sin mencionar las parejas que se arman, y que vuelven año a año a correr. Este año en particular, la carrera fue justo después de una nevada y cuando hacían -8 °C, uno de los días más fríos del invierno hasta ahora (a los participantes de la foto de Tunick en Chile les puede traer algún recuerdo). Nosotros estuvimos ahí y sacamos fotos para Uds. ¡Felices pascuas y nos vemos el próximo año!

Thanksgiving a la chilena (Por el antojo muere el pez)

“¿Qué echan de menos de Chile?” es una de las clásicas preguntas entre coterráneos exiliados y la mayoría de las veces se refiere al ámbito gastronómico. Los primeros meses uno no sabe mucho que responder, tanta cosa rica nueva que probar produce tal deslumbramiento que deja poco espacio para la nostalgia. Pero para no quedar como antipatriota, lo más fácil es recurrir a los clásicos: el sanenús (o como se escriba), los súper 8, las negritas, el ave palta, el calugón pelayo, las chirimoyas, el pisco sour… cualquier cosa que acá no haya. Sin embargo, desde septiembre mi respuesta se volvió sincera, instantánea e invariable: “la torta de milhojas”. Y de tanto invocarla de palabra y pensamiento el antojo se volvió obsesión y empecé a considerar seriamente hacer una yo misma. Así es que cuando mi alumno Michael me preguntó con qué postre podíamos colaborar para la cena de thanksgiving a la que amablemente nos había invitado, a nadie ha de sorprender que mi primera y monosináptica reacción fuera exclamar: “a thousand layer cake!”. Y con esta irresponsable respuesta comenzó nuestra aventura del día del agradecimiento. En estricto rigor el inicio de la historia se remonta varios meses atrás cuando no sé por qué extraña asociación de ideas El Alumno me comentó que para Thanksgiving (cuarto jueves de noviembre) haría una cena en su casa a la cual estábamos cordialmente invitados. Como esto ocurrió a mediados de Agosto, yo agradecí su gentil gesto con fingido entusiasmo y disimulada incredulidad, pensando que hasta las promesas de Hillary, Barack y Giuliani combinadas me inspiraban más confianza. Después de la amenaza inicial siguieron leves recordatorios mensuales hasta que, finalmente, llegó el penúltimo mes del año (noviembre) y con él la flamante invitación oficial por medio de una tarjeta virtual del popular sitio http://www.evite.com/ (léase “ívait”). No sé si ya habrá en Chile algo parecido, pero acá está de última moda. Funciona de la siguiente manera: primero se diseña la ecard, la cual puede incluir hasta un mapa del evento. Luego se copian las email addresses de los afortunados y se envían las invitaciones. Los invitados deben entonces responder si asistirán o no, si van a llevar algo y si necesitan que alguien los acarree. Esta info está disponible online para todos los involucrados, lo cual es muy útil para evitar encuentros incómodos con expololos, exjefes, examigos, etc.

Y bueno, volvamos al momento del exabrupto. Como era de esperar, cuando la euforia de imaginar esas miles de capas dulces y crujientes deshaciéndose en mi boca dio paso al agobio de imaginar esas miles de capas siendo amasadas por mis enclenques brazos, empecé a reconsiderar mi ofrecimiento. Y mientras más lo pensaba, mas tirada de las mechas me parecía la idea. Decidí entonces que no valía la pena complicarse tanto la vida y que lo mejor sería preparar algo más fácil, o mejor aún, comprar algo hecho. Y cuando estaba felicitándome a mí misma por haber recuperado la cordura, recibimos el siguiente mail de El Alumno:

Well friends,
People have asked what they could bring. I decided the easiest thing for everyone, would be for the guy with the oven to take care of all the cooking, and to ask my guests to bring a bottle or two of wine with them. Sophie has offered to bring appetizers, and Maria Luisa is making a Chilean thousand layer cake.
(…)

¡Horror! ¿Cómo íbamos a llegar con unos brownies o un pie de manzana de Shaws (equivalente al Líder) ahora que todos los invitados estarían esperando un exótico postre sudaca? En resumen: por la boca muere el pez. Ya no quedaba otra que aperrar y tratar de dejar a la patria lo mejor parada posible. Así comenzó la odisea. Lo más fácil fue conseguir la receta. Debo explicar que gran parte de este sueño de la torta propia tiene su origen en dulces recuerdos de mi infancia en Caracas, en los que en color sepia aparece mi santa madre fabricando una de estas tortas con la ayuda de sus 4 retoños, probablemente para celebrar el cumpleaños de algún miembro de la familia. Y todos los involucrados en el proceso se ven tan felices y sonrientes que no es raro que mi mente haya concluido que lo primero era la causa de lo segundo (en otras palabras: hacer torta de milhojas = felicidad). Así es que vía mail obtuve la mismísima receta de su amiga la Loreto Robles, que mi mamá usaba en aquellos locos años 80. Lo segundo fue conseguir “el ingrediente secreto” (alias manjar). Con Jc habíamos descubierto un par de minimarkets latinos que vendían nada menos que el único grande y nuestro manjar La Lechera-Nestlé, made in Chile, con la única diferencia de que en la etiqueta de la versión internacional aparecen todos los seudónimos: dulce de leche/arequipe/cajeta/ caramel. Uno de estos sucuchos queda cerca de la casa así es que me confié y dejé la compra de lo más imprescindible para el día antes de la cena. Grave error. “El Quijote” me mandó una estocada por la espalda. Recorrí tres veces cada pasillo y ni sombra de la señorita holandesa. Cuando finalmente logré que el dueño entendiera lo que estaba buscando (pues ser hispánico no asegura intersección cultural) me dijo que se había agotado y se le había olvidado encargar más…. Pero bueno, no todo estaba perdido. Como vivimos muy cerca de “Villa Victoria”, un barrio latino cuya historia les contará Jc más adelante, la zona está llena de negocitos de dueños hispánicos. Así es que después de “El Quijote” visité “Los Morales”, “Aguadilla”, “Tremont Market” y nada. Tratando de mantener la calma decidí probar suerte con otras etnias de los alrededores, pero ni el indio de enfrente de la casa ni el etiope de dos cuadras más allá pudieron ayudarme. ¡Que frustración! Al final me vi obligada a recurrir a una medida desesperada: usar dulce de leche argentino. Lo habíamos visto hacía tiempo en Wholefoods, el supermercado que queda al frente de nuestra ex casa, famoso por su onda eco-orgánica chic (¿dónde mas iban a vender productos trasandinos?). Así es que con el dolor de mi alma compré los dos únicos frascos que había, los cuales estaban casi inalcanzables en la repisa más alta de un estante, llenos de polvo (me tinca que al manager también se le va a olvidar encargar más). En fin, fue un acto humillante pero tranquilizador. La tercera etapa fue conseguir un uslero. Con esto tuve peor suerte todavía, pues estaban completamente agotados en todas las partes en que pregunté. ¿Quién se habría imaginado que un simple palo de madera podría desatar tal fiebre consumista? Después supe que esta escasez es estacionalmente recurrente, pues en noviembre todo el mundo se pone a hacer el tradicional pie de calabaza. (¿Qué harán con los usleros del año pasado, me pregunto yo?). Así es que obligados a recurrir a una noble botella de vino. Y finalmente llegó el día del evento. Con todos los elementos reunidos y la masa previamente preparada y refrigerada, con Jc -que gracias al cielo se apiadó de mí y se ofreció a ayudarme- nos pusimos a trabajar a las 11am. Después de comprobar que mis habilidades uslereantes dejaban mucho que desear (el grosor del par de hojas que amasé se medía más en inches que en milímetros) decidimos que lo mejor era que cada uno trabajara con el instrumento más acorde a su capacidad muscular: él con la botella y yo con el tenedor. Así es que mientras él uslereaba, cortaba y transportaba las hojas, yo las aportillaba y las metía y sacaba del horno. Tres horas y 22 capas más tarde paramos para almorzar. Hasta ahí todo iba bien, así es que con optimismo comenzamos la segunda etapa: relleno y montaje. Pero a poco andar me bajó el pánico de que el manjar no iba a alcanzar. ¿Qué hacer? ¿Cómo sortear este nuevo obstáculo? Literalmente corrí donde el etiope a comprar medidas de salvataje: leche condensada, crema y una salsa de butterscotch, bastante parecida al manjar en apariencia. Primero pensamos cocer la leche condensada y hacer manjar artesanal, pero según Internet en olla normal había que hervirlo por 4 horas! Descartado. Así es que optamos por echarle más agua a la sopa y hacerlo rendir con crema. A las 6pm nuestra obra estaba terminada. ¡Justo a tiempo! Incluso nos quedaba media hora para arreglarnos y partir. Pero a los 5 mins suena el teléfono: El Alumno preguntando si íbamos a ir a la cena. Resulta que nos habíamos equivocado y la cosa era a las 5:30pm y todos nos estaban esperando para servir la comida. Así es que chao no más con la ducha, el brushing y la manicure. En dos segundos nos cambiamos y partimos corriendo y cual cenicienta -pero más transpirados- hicimos nuestra entrada triunfal con la flamante torta de milhojas en la mano. Pero la moral se nos vino al suelo cuando se nos ordenó depositarla en una mesa rebalsada de miles de otros postres mucho más coloridos y exuberantes. Qué humilde y acomplejada se veía la pobre… fiel representante de la personalidad nacional. Yo pensé lo triste que sería que nadie la probara y que nos la tuviéramos que llevar intacta de vuelta a la casa, después de todo el titánico esfuerzo. ¡Qué equivocada estaba! Después de la fastuosa cena, que fue precedida por la petición del dueño de casa de que cada uno de los invitados –como 15 personas, entre ellos varios extranjeros (dos franceses, un inglés, una sudafricana, dos chilenos), su mamá, y algunos gringos de la costa oeste que no pudieron viajar a ver a su familia- diera gracias por algo que le hubiera pasado el último año (las razones más pintorescas fueron una separación, un divorcio, un lavavajillas y una greencard)- vino la temida hora de los postres. El Alumno tomó la palabra y señalando nuestra torta explicó a la concurrencia que se trataba de un “typical chilean pie”. Yo me vi en la obligación de decir algo al respecto, así es que tímidamente expliqué que el “pie” estaba relleno con dulce de leche. Tras pronunciar estas palabras todos los que estaban cerca se dieron vuelta y exclamaron emocionados: “Ohhhhh! Dulcei dei leichei!”. Fue como decir ábrete sésamo. Yo misma la corté y la repartí así es que me consta que no quedó nadie sin probarla. Y a pesar de que la obsesión gringa por lo políticamente correcto siempre produce cierta desconfianza respecto a la veracidad de sus reacciones, esta vez podría asegurar que la torta fue todo un éxito. La mejor prueba: casi no quedó nada. ¿Qué mejor recompensa?

Tuesday, November 27, 2007

Escupiendo (no solamente) al cielo

Después de toda una vida de despotricar contra el fútbol, los futbolistas y los futboleros, me encontré de pronto sentada frente a una tele gigante en la que un grupo de hombres muy poco agraciados y en pijama trataban de pegarle a una pelotita con la misma herramienta mortal que usara Aarón Vásquez aquella fatídica noche sobre el puente Pedro de Valdivia. ¿Cómo terminamos involucrados en semejante situación? Es lo que le pasa a uno por escupir al cielo, lo que, como todos sabemos, no es sabio, ni digno, ni elegante. En fin, volviendo a los hechos: me imagino que no muchos de ustedes se enteraron de que hace poco fue la final del “World Series”, el campeonato nacional de béisbol (nótese la sutil indirecta: USA = World). El equipo local, los Boston Red Sox, también conocidos como “los medias rojas”, es uno de los más antiguos de EEUU. Fue fundado en 1901 y hasta 1918 vivió una época dorada repleta de triunfos, logrados en gran parte gracias al famoso George “Babe” Ruth. Sin embargo, en 1920 el dueño del equipo cometió el peor error de su vida, error que cambiaría para siempre la historia de los Sox en particular y del baseball en general: decidió vender a su jugador estrella, el cual fue adquirido nada menos que por sus archienemigos, los New York Yankees. Cuenta nuestra fiel (aunque no siempre confiable) Wikipaedia que luego de la infame transacción los Medias nunca más volvieron a saber de victorias. Analizando la situación se concluyó -muy lógica y científicamente- que el culpable de todo era el propio Ruth que, en venganza, le había lanzado un maleficio a su ex equipo. (Y uno de puro ignorante habría pensado que la culpa era de los jugadores o del entrenador). Babe resultó ser un hombre extremadamente rencoroso, pues “la maldición del Bambino” duró el breve periodo de 86 años, superando ampliamente al del cometa Halley. Al parecer Ruth consideró que ocho décadas de mala racha era castigo suficiente (o simplemente se aburrió de penar a su ex equipo desde el más allá) y permitió que los desdichados Sox lograran nuevamente salir campeones en el 2004. Podrán imaginar el calibre de la celebración: la ciudad entera salió a la calle, la gente brindaba, lloraba y se abrazaba, el tráfico se paralizó y los ancianos exclamaban dichosos que por fin podían morir en paz. Y para ponerle más color al asunto, dicen que justo la noche del triunfo hubo un eclipse lunar total. En fin, cosas del béisbol… Después de esta interesantísima nota histórico-introductoria, volvamos a la escena del sofá y la tele gigante: ambos se encontraban al interior del depto de mi alumno Michael, un abogado-surfista californiano al que le hago clases particulares de castellano. El, muy amistosamente nos invitó a ver “uno” de los partidos de la final del World Series (que curiosamente pueden llegar a ser hasta siete) entre los Sox y los “Rockies” de Colorado. Como no teníamos nada mejor que hacer y el alumno vive a 3 cuadras de nosotros, aceptamos. Fue una experiencia bastante fome pero de alto valor sociológico. Entre los invitados estaba el vecino de arriba, unos compañeros de trabajo y sus amigos del grupo de poker. Estos últimos parecían ser la versión adulto-joven de los chicos taquilleros del equipo de fútbol americano de las películas, pero con la diferencia de que estos cool kids no terminaron trabajando en una bomba de bencina mientras los nerds se hacían millonarios construyendo empresas de computación, sino que también les dio el mate para ir a la universidad y convertirse en profesionales exitosos. Lo que no implica que hayan dejado atrás el gusto por la actividad física. En el rato que estuvimos ahí nos enteramos de que practicaban surf, natación, basket, waterpolo, tenis y, obviamente, todo alternado con religiosas visitas al gimnasio. Suena exagerado pero su abultada musculatura apoyaba sus palabras. Obtuvimos toda esta información gracias a que los partidos de béisbol son e-ter-nos, lo que permite que el público se pare, circule, vaya al baño, converse, se alimente y calme su sed (harto más agradable que ver fútbol, en que hasta para toser hay que esperar el medio tiempo). De hecho, interrumpen la transmisión con comerciales cada cinco minutos. Esto mismo pasa en el estadio y tan relajados son que algunos llegan una o dos horas tarde y/o se van antes de que se acabe el partido, como hicieron casi todos los invitados de Michael, incluidos nosotros. En uno de estos ires y venires nuestro anfitrión nos pidió que pasáramos al comedor a buscar un plato de “jambalaya”, la versión cajun (pronúnciese “kéiyun”) de la paella, que había preparado especialmente para la ocasión. Después de servirse había que volver con el plato plástico de vuelta al sillón frente a la tele gigante para disfrutar de la comida y del deporte simultáneamente, pero al menos para mí esto fue imposible. ¿Cómo puede alguien ingerir sus alimentos frente a constantes close-ups de todos los jugadores escupiendo como enajenados cada 5 segundos? Realmente asqueroso. Yo pensé que lo de los escupitajos era una leyenda urbana pero es cierto. Parece que hace mucho tiempo a alguien se le ocurrió que mascar tabaco aumentaba la “performance” durante el juego, cosa que ahora se ha desmentido. Incluso hay campañas que advierten que es igual de peligroso que fumar, y sin ir mas lejos, el ya mencionado Babe Ruth murió a los 52 años de cáncer orofaríngeo (tal vez como venganza por su maldición?). Tampoco ayuda mucho a estimular el apetito la apariencia de los beisbolistas. No quiero sonar superficial, pero estos hombres tienen muy pero muy mala pinta: feos, sucios y con cara de pandilleros, del tipo que uno ve de noche y le entrega la billetera antes de que alcance a pedirla. Por si fuera poco, hay varios bastante entraditos en carnes y con su piyamesco uniforme lucen las poncheras en todo su esplendor. Este es el caso de la estrella del equipo, David “Papi” Ortiz. “Papi” es un negro dominicano gigante y guatón con los dientes separados y de mirada neanderthalesca que corre dos pasos y queda con la lengua afuera. Pero en el béisbol el estado físico es lo de menos, lo importante es tener bíceps de acero para tirar la pelotita lo más lejos posible y hacer muchos home runs, alias “jonrones”. La otra estrella del equipo es Manuel Arístides alias “Manny” Ramírez, también dominicano. Manny tiene mejor pinta que su compatriota Papi: típica cara de latino, un poco más esbelto y al menos en apariencia, un CI más elevado. Luce orgullosamente una mata de dreadlocks o rastas que fueron tema de conversación entre los invitados. Uno de ellos se preguntaba si serían verdaderos o falsos, pero se llegó a la conclusión de que con la plata que gana se habría mandado a hacer unas extensiones de mejor calidad. Aparte del peinado, parece que Manny es todo un personaje. En wiki pueden encontrarse largas listas de sus anécdotas, como cuando en una barrida se le perdió un aro de diamante y al final del partido tuvieron que rastrillar toda la cancha buscándolo (encontraron el enchapado pero no el diamante), o cuando exigió que cada vez que le tocara batear le pusieran no se qué canción con letra “explicíta” por los altoparlantes del estadio, o cuando dijo que no podía jugar porque estaba con faringitis y después lo pillaron tomando cerveza en el bar del Hotel Ritz Carlton (donde vive) con un amigo de los Yankees. Cómo será que hasta le inventaron un dicho: cuando hace una de sus gracias la gente dice “It’s just Manny being Manny”. Y él lo encontró tan genial que mandó a hacer poleras con la frase. Pero el jugador mas determinante en la victoria de este año fue Daisuke Matsuzaka (cariñosamente apodado “Dice K”, pronúnciese “dais key”) un pitcher made in Japan al que le pagaron la módica suma de 52 millones de dólares por un contrato de 6 años. (Sería interesante saber cuánto gana el futbolista mejor pagado de Chile para poder comparar, si algún lector maneja esta información podría agregarlo en los comentarios). Además de los ya mencionados, también batean para los Sox los pintorescamente apodados “Dustin Pedrosa”, “Coco Crisp” y “Wily Mo Peña”. Aunque me hacen mucha gracia estos nombres, admito que probablemente no superan a nuestros “Brad Pitt Acuña” o al famoso “7 pulmones Puebla”, que según supe admitió tener solo uno como todo el mundo. (A propósito de sobrenombres, les recomiendo un blog en el que un ocioso hizo una lista de sobrenombres de futbolistas chilenos y los clasificó en distintas categorías: http://ferloa.blogspot.com/2006/09/apodos-alias-motes-s.html).

Dejando de lado lo antiestético y anticarreño de este deporte, hay que destacar su aspecto positivo: a pesar de que igual existen las inevitables rencillas con fanáticos de otros equipos, sobre todo con los Yankees (como cuando dos tipos se agarraron a combos en un bar de New York y como uno de ellos tenía puesto un jockey de los Red Sox todos pensaron que el motivo de la trifulca había sido la rivalidad deportiva y tan publicitado fue el acontecimiento que los Sox emocionados le mandaron unas entradas al estadio como premio a su lealtad para descubrir después que el deporte no había tenido nada que ver sino que todo fue una vulgar pelea de curaditos). (Hay que mencionar eso sí que el equipo no pidió que devolviera las entradas, total, al menos tenía puesto el jockey), a pesar de esto, a toda la ciudad le gusta el mismo equipo, lo que crea un vínculo de fraternal amistad entre los ciudadanos, independiente de la raza, nacionalidad, edad o condición social. Esto evita la infame “violencia en los estadios” y las a veces mortales riñas callejeras, de las que nos hemos enterado por lun.com.
Y volviendo por última vez a la escena del sillón y la tele gigante y los adefesios en pijama, les cuento que cuando estábamos ya retirándonos del carrete deportivo, los invitados gringos nos explicaron que habíamos tenido muy mala suerte porque los Sox le habían ganado tan fácilmente a los Rockies que el partido había sido una lata (Chile vs Brazil?). Pero
no sé por qué me tinca que aunque el match hubiera sido una pelea a muerte, nosotros no habríamos notado ninguna diferencia. Tal vez para el próximo año, pues ya comenzó la temporada de american football y ahora tenemos que empezar a instruirnos sobre los New England Patriots.

Thursday, November 15, 2007

Como se llama la obra?

Dos escenas:

1a.- Hace un tiempo cuando caminaba al hospital entre la multitud que circula en las mañanas por Longwood Ave, la calle que atraviesa Harvard Medical School y el conjunto de 4 hospitales y no sé cuántos edificios con laboratorios alrededor, en una esquina se me acercó un oriental, que se podrán imaginar no escasean en ese entorno, y me empezó a hablar. Como yo lo miré con cara de pregunta tratando de recordar si nos habríamos visto antes, me dio una segunda mirada, dijo “perdón” y siguió su camino a paso redoblado.

2a.- En otra ocasión fuimos a un curioso restaurante vegetariano que queda en un centro budista en Cambridge. A un lado de la puerta de entrada estaba el templo, una pieza a la que se entra sin zapatos y donde hay unas figuras de Buda y gente vestida como el Dalai Lama, y al otro lado estaba el restaurant, una especie de club social chino atendido por una familia- la moza veinteañera saludó a la Maria Luisa con un afectuoso “Hola, tanto tiempo! Como has estado??” (en inglés, por supuesto, no en chino). Pero antes de que contestara y probablemente por la cara de desconcierto de ML, de nuevo “perdón” y desapareció para siempre. En su lugar nos siguieron atendiendo otros miembros de la familia: una señora de mas edad que se le entendía muy poco (sobretodo cuando nos explico el menú) y un par de adolescentes asian-americans, uno taquillero y el otro muy nerd y espinillento.

Conclusión: para los asians, los caucasians somos todos iguales….

Wednesday, October 17, 2007

por la patria, Dios, la Sed y la calor...


Las prioridades están claras en Centralville, un barrio de Lowell, Massachusetts, epicentro de la revolución industrial de Nueva Inglaterra en el siglo XIX. Originalmente un barrio "francés" por los inmigrantes canadienses del Quebec que llegaban a trabajar a las hilanderías, actualmente se considera "multicultural", con predominancia de hispánicos y brasileros. Frente al local de la foto había una oficina de la Lowell Police con todo el vidrio quebrado por un piedrazo (intentamos sacarle una foto, pero la luz no acompañaba)....

Friday, October 5, 2007

empanadas, celebridades y paramedicos

Cuando en mayo conocí a la primera chilena residente en Boston con quien nos habían contactado desde Chile (la señora del sobrino de la señora de un hermano de mi mamá), lo primero que me mencionó fue el tradicional asado del 18 de septiembre organizado por “chilenos en Boston”, una agrupación de estudiantes de postgrado de Harvard y MIT. Pasaron los meses, se fue el verano, llegó el otoño (o casi) y con él, el mes de la patria. A través de la misma chilena antes mencionada nos enteramos de la fecha, hora y lugar en que se llevaría a cabo la celebración: sábado 22 de septiembre (aunque ustedes no lo crean, acá el 18 no es feriado) de 12 a 6pm en el número 34 de Peabody Terrace, Cambridge. A nosotros la fecha nos pareció de lo más conveniente, pero luego nos enteramos de que ese mismo día se celebraba Yom Kippur (el día del perdón o del ayuno), lo que obstaculizó la asistencia de algunos compatriotas. Como siempre, un poco de trivia: el Peabody Terrace es un grupo de tres edificios que construyó el arquitecto catalán Josep Lluís Sert (1902-1983) en los años 60 a pedido de la esposa del rector de Harvard para que vivieran allí los alumnos casados. Al parecer, en su época fue considerado muy moderno (Sert trabajó un tiempo con Le Corbusier) pero ahora todo el mundo lo encuentra horrible (para los curiosos: http://www.amacad.org/publications/bulletin/summer2004/campbell.pdf ). Volviendo al chilean megaevento: las entradas costaban $23 en la puerta pero se podían comprar anticipadamente por Internet y salía un poco más barato ($17). Obviamente nosotros hicimos lo segundo. Llegamos al asado pasadito la 1pm y como buenos descendientes del desastre de Rancagua, nuestras expectativas eran bastante bajas. De hecho, yo incluso pensé almorzar antes de salir por si resultaba ser de esos asados juveniles en que la parrilla se usa solo para chambrear el vino y quemar los vasos plásticos piscoleros. Pero qué equivocada estaba!.... Fuimos recibidos muy atentamente por una compatriota del comité organizador muy escotada que buscó nuestros nombres en una lista para ver si era verdad que habíamos pagado y después nos dijo que eligiéramos un número para la rifa de los 2 pasajes a Chilito con que Lan se había rajado (se imaginarán el nivel de contactos de los organizadores). En el mismo instante en que Jc y yo buscábamos nuestros números de la suerte apareció flamante en una polera Lacoste naranja (preparándose para halloween?) nada menos que el rugbista-periodista Fernando Paulsen! Nosotros sabíamos que estaba viviendo acá y supusimos que debido a su oficio lo más probable era que estuviera al tanto del evento. Por lo tanto era posible que apareciera pero, nuevamente, no le teníamos mucha fe. Y nuevamente nos equivocamos. No solo llegó sino que debido a la coincidencia espacio-temporal y a la influencia del generoso escote de la hostess (que fue saludada muy afectuosamente por el célebre periodista) a nosotros también nos tocó saludo. Primero le dio la mano a Jc y cuando se dirigió hacia mí, yo también estiré la mano! No sé si por la emoción o porque ya me estoy habituando al estilo gringo…. la cosa es que él no se dejó intimidar por mi frío y distante gesto sino que ignorando mi brazo estirado se acercó y me saludó de beso! Y hablando de celebridades, también andaba circulando por ahí Vanessa Reiss (otra periodista cuarentona no tan famosa, que hacía el programa “Acoso Textual”, por si alguien la ubica). Siguiendo con los acontecimientos, hay que reconocer que el asado no dejó nada que desear… Al parecer, los organizadores se rigieron por el slogan “que no se note pobreza” acompañado probablemente de “que nadie salga pelando” (seguro que el 90% de los asistentes tiene un blog parecido al nuestro donde el asado va a ser tema obligado). A la entrada te hacían ponerte una de esas clásicas y pernísimas calcomanías con tu nombre, seguramente con el objetivo de facilitar los reencuentros y promover futuros contactos amistosos y/o político-comerciales entre los compatriotas temporalmente exiliados. Y efectivamente, todo el mundo se miraba con cara “escrutinizadora” (la real academia dice que esta palabra no existe pero no se me ocurre otra), entrecerrando los ojos como los miopes cuando tratan de enfocar sin anteojos, tratando de descubrir si les eras caras conocida y de recordar dónde/cuándo/por qué te podrían haber visto antes. Yo no tuve la suerte de vivir ninguno de estos emotivos reencuentros (parece que tengo que ampliar mis redes sociales) pero Jc sí interactuó con varios científicos, la expolola de un amigo y un profesor de piano/bailarín que conocía de antes, así es que tan mal no quedamos. Y ahora el tema central: la comida. Con la entrada tenías derecho a una única empanada de pino (no supimos de dónde las habían sacado, tal vez las habían hecho las señoras de los organizadoras y por eso estaban racionadas) pero todo lo demás estaba incluido y en cantidades ilimitadas. Había pisco (infaltable) y cervezas, bebidas normales y diet, jugos, variados choripanes, salchichas, pan, ensaladas y kilos y kilos de carne! Para que vean que no exagero: una alumna de medicina alemana que conocimos estaba tan impresionada que hasta le sacó fotos a la parrilla! Decía que nunca en su vida había visto tanta carne junta. Después del opíparo almuerzo (que en realidad duró toda la tarde pues la carne nunca se acabó) se dio inicio a los juegos y concursos para entretener al público asistente. Lo primero fue una tradicional competencia de gallitos. Entre los que se animaron a competir estaba un interno de séptimo de medicina de la PUC que nosotros conocimos a través de la Kiki, la becada de neurología amiga de Jc que estuvo acá dos meses paseando por algunos hospitales locales. El susodicho interno (que también había venido junto con otro compañero por uno o dos meses a hacer una pasada por cirugía como parte de su internado) no era ningún alfeñique; más bien al contrario, era alto y bastante fornido. Mientras se llevaba a cabo el desplante de fuerza masculina, yo me acordé de una escena de la película “La Mosca” de David Cronenberg en la que el protagonista, que ha adquirido fuerza sobrehumana producto de su metamorfosis, le hace un gallito a un guatón gigante y le rompe el brazo. (Para los morbosos: http://www.youtube.com/watch?v=Gs0fGt_Gzbk) Bueno, podrán imaginarse lo que sigue…. No pasaron ni 5 minutos entre mi fatídica remembranza fílmica (que obviamente compartí con los que estaban a mi alrededor, así es que hay testigos que pueden acreditarla) y el escalofriante “crack” que según los que estaban en primera fila salió del interior del brazo del interno en unos de los muñequeos. Gracias al profesionalismo de la Kiki (nuestra reportera gráfica oficial) quien cámara en mano y ojo en lente esperaba atenta el instante de la victoria del interno para inmortalizarlo, tenemos ahora inmortalizado el instante mismo de la dolorosa derrota, donde puede apreciarse la sorpresa en la cara del interno, la incredulidad en la del contrincante y el horror en la de los espectadores. Después de los segundos en que todo se paraliza por el impacto, ocurrió lo que ocurre siempre en estas situaciones: todo el mundo rodeó al accidentado tratando de ayudar, mirar, entender, opinar, informarse e informar. Pararon la música y se escuchó el clásico: “hay algún médico presente” por el micrófono (pues había escenario y animador). Médicos había varios, pero no era mucho lo que podían hacer… La Kiki y Jc lo examinaron y se hicieron una idea no muy positiva cuando le dijeron que levantara el brazo y solo se le movía del codo para arriba… Así es que le pusieron bolsas de hielo y alguien llamó al famosísimo “911” pidiendo una ambulancia. Parece que el que llamó fue un guardia rapado con pinta de neonazi que apareció de la nada -cual chapulín colorado- y que lo único que hizo fue repetir “back off!” mientras mascaba chicle. Al poco rato llegó la ambulancia y los paramédicos le inyectaron morfina al interno (que se portó como todo un hombre pues no emitió ni el más mínimo quejido, aunque por su cara era evidente que le dolía bastante), le inmovilizaron el brazo y se lo llevaron en camilla, mientras todos los presentes aplaudían dándole ánimos al herido (no mencionaré nombres para proteger a los involucrados) que instantáneamente se transformó en el niño símbolo del asado. Luego hubo jazz en vivo a cargo de un grupo en que tocaba Pancho Molina (el ex baterista de Los Tres) seguido de las infaltables cuecas, que fueron pocas, pero bien bailadas. Y por último, lo que todos esperábamos: la rifa de los pasajes. Esta fue bastante polémica, porque el afortunado ganador resultó ser un biólogo de la Chile que había llegado a Boston hacía a penas un mes y le quedaban solo tres más para partir de vuelta a la patria! Así es que todos los que manejaban esta información lo empezaron a pifiar y a gritarle que devolviera los pasajes, cosa que obviamente no hizo. Después rifaron unos vinos (que al parecer eran los premios para el trágico gallito) y Jc se ganó uno! De una forma retorcida salimos beneficiados gracias al accidente del pobre interno, el que finalmente resultó con el húmero fracturado y necesitando cirugía por lo que se tuvo que volver a Chile tres semanas antes de lo previsto. Por lo menos, entre tanta tragedia, Jc encontró un paper con más casos descritos de fractura por gallito y le sugirió al accidentado que publicara el suyo. El interno se puso feliz con la idea y ahora casi se alegra de lo que le pasó.

Al final del asado se nos pidió amablemente que recogiéramos los papeles del suelo y con eso se dio por concluido el evento. No sabemos si gracias a las calcomanías o a nuestra simpatía natural, con Jc terminamos celebrando en un local mexicano en Harvard Square junto al feliz ganador -que había ofrecido invitar la primera ronda de tragos- y su heterogéneo grupo de amigos, el cual incluía tres chilenos, una catalana y un ingeniero nigeriano de cuarenta y tantos, negro como el carbón. Este último, apodado “Lucho” debido a la impronunciabilidad de su nombre real, era un gordito risueño “con debilidad por las mujeres asiáticas” (cita textual). Contaba emocionado que lo había pasado tan bien en el asado porque la comida, la música y los bailes lo hicieron sentirse de vuelta en su país natal.

Sunday, September 16, 2007

3) ....en la libreria Raven Used Books de Cambridge se puede encontrar en la seccion "fiction" la traduccion al ingles del famoso libro "Blest Gana" clasificado en la letra "R", por el apellido de su autor, Martin Rivas.

Thursday, September 13, 2007

2) ....al menos una vez al día se puede “ver” a alguien hablando solo/a en la calle (y no por celular, a no ser que los audífonos sean invisibles)

Sunday, September 9, 2007

Monday, September 3, 2007

Estimados lectores:
Hoy iniciamos una nueva seccion en nuestro bloggy-blog llamada "sabia usted que en boston...?". El objetivo es que por medio de nuestras agudas observaciones bio-psico-sociales ustedes puedan ir haciendose una idea de la mentalidad y costumbres bostonianas. Iremos agregando una nueva cada semana. Esperamos que las disfruten!

SABIA USTED QUE EN BOSTON.....?

  1. los adolescentes de color andan trayendo toallitas húmedas desechables marca Clorox en sus mochilas para mantener inmaculado el blancor albo de sus blancas zapatillas

Tuesday, August 28, 2007

addendum ciclístico


Antes que nada queremos agradecer a los fieles seguidores y comentaristas del blog, y pedirles disculpas porque nuestras intenciones de escribir mas seguido han sido bastante vanas, en parte por flojera (digamos que a veces tenemos cosas más urgentes que hacer) y en parte porque últimamente hemos tenido algunos problemas con nuestra conexión a internet (y, lamentablemente, los efímeros periodos de conexión y las ganas de “postear” nunca coincidieron). Y no es por falta de “aventuras” (como saben, el leit motiv de este sitio), más bien estas se empiezan a acumular en el tintero de nuestras mentes esperando la oportunidad más idónea de aparecer en pantalla… Así que por lo menos habrá blog para rato. Igual estamos tratando de mantener algún tipo de continuidad, aunque desde ahora nos proponemos postear notas más seguido, aunque sean cortas o sólo fotos. Tenemos algunas ideas y espero que se empiece a notar la diferencia en los próximos días.

Entonces, siguiendo este espíritu, y para cerrar el tema de los ciclomóviles que de alguna u otra manera han aparecido en los últimos dos posts, una breve nota sobre la foto de arriba. Esta historia ya se la conté a la María Isabel por e-mail, así que si quieres puedes dejar de leer aquí. La foto, como se pueden haber dado cuenta, muestra una animita versión Boston que está a pocas cuadras de nuestra casa, en Huntigton Ave, in memoriam de un estudiante de 23 años de la escuela de arte Mass Art que murió atropellado en bicicleta en ese lugar, y que corresponde a otra arista del tema del “pedestrian empowerment” y sus repercusiones en el auge del ciclismo y el odio de peatones y ciclistas hacia los automovilistas -agresivos y descuidados- y las ineficiencias del sistema de transporte público. La historia partió un poco antes de que nosotros llegáramos a la ciudad, el 4 de abril de este año, cuando un taxi le pegó en la rueda trasera a la bicicleta del estudiante, este perdió el control y terminó debajo de las ruedas de un camión.

Lo peor fue que casi un mes después, el 6 de mayo, a una amiga suya también ciclista empedernida, la atropellaron en una esquina y también se murió. Ahí parece que empezaron a aparecer estas bicicletas fantasmas conmemorativas, algunos artículos en los diarios por los dos accidentes fatales en un mes y un movimiento solidario entre los amigos vivos de ambos que los llevó a hacerse tatuajes en su honor (otra afición en común), grabar CDs con su música preferida, organizar un concierto en una iglesia y a la creación de una fundación para juntar plata y regalarle cascos a los ciclistas que no pueden o no quieren comprárselos (un bonito gesto, aunque tengo entendido que ambos accidentados iban con su casco reglamentario al momento de fallecer). Si quieren profundizar o hacer una donación, pueden entrar a http://www.hellmets.org/ . Los cascos, que como aun no juntan suficiente plata no son regalados, sino que se venden al costo, vienen con la inscripción HELL pintada por el lado, pero no con la intención de denotar infierno, sino la sigla de “Helping Everyone Live Longer”.

Saturday, August 18, 2007

Comprensen auto pericos!


En Boston los peatones se desplazan como amos y señores de las calles. Cruzan con toda tranquilidad en cualquier parte, muchas veces sin siquiera mirar si viene algo, como si vivieran en una época pre-Fordiana. Y a pesar de que los conductores son bastante agresivos y viven con el dedo pegado a la bocina, esta violencia está reservada exclusivamente para los demás automovilistas, siendo muy comunes los encerrones y virajes sin previa señalización, seguidos de frenazo, bocinazo prolongado e intercambio de insultos. Sin embargo, si es un peatón el que se atraviesa de improviso y sin ningún respaldo legal (llámese semáforo, paso de cebra o, por último, lomo de toro), el chofer detiene su auto y con santa paciencia espera que el impertinente y osado individuo termine de cruzar la calle/avenida/autopista sin bocinazo, ni improperios, ni siquiera una mala cara! La verdad es que para un santiaguino esto llega a ser algo casi milagroso, como un Moisés moderno que en vez de abrir el Mar Rojo, al levantar su vara detuviera el tráfico para poder cruzar. Pero no solo a pie se movilizan los bostonianos. Otro medio muy popular es la bici, especialmente entre aquellos con menos tiempo, más valor y mejor estado físico. Al igual que los peatones, los ciclistas también intentan imponer su presencia en esta jungla de cemento, y al parecer, tan mal no les ha ido. El domingo pasado nos tomamos el metro para ir a conocer el “Arnold Arboretum”, una especie de parque botánico de la Universidad de Harvard ubicado en el barrio de Jamaica Plain. Íbamos de lo mas tranquilos y cómodos en nuestros asientos cuando de repente se suben cuatro preadolescentes de color todos transpirados, acarreando cada uno su respectiva bicicleta, cuál más grande que la otra! Por suerte el metro iba bastante desocupado, pero como podrán imaginar, invadieron todo el pasillo del vagón, lo que no habría sido tan terrible si al menos se hubieran afirmado bien, pero las bicis eran tan grandes y ellos tan chicos que con cada frenazo y/o aceleración se desparramaban por todos lados, bici incluida. Nos pareció tan curioso el espectáculo que intentamos sacarles una foto, pero lamentablemente salió demasiado oscura… Después de un par de estaciones los Cosby kids (para los que se acuerden del ‘Gordo Alberto’…hey, hey hey!) se bajaron sin dejar víctimas fatales. (Después averiguamos que efectivamente es un derecho ciudadano subirse en bici al metro pero no en horas peak y no más de 2 bicis por vagón. Así es que técnicamente, en Boston es posible andar en dos medios de transporte diferentes al mismo tiempo). Al finalizar nuestro caluroso y decepcionante paseo por el arboretum decidimos ir a refrescarnos adivinen cómo…. Por supuesto!!!! Tomando un rico helado. Mientras caminábamos a J.P. Licks, la heladería favorita de los bostonianos (que entre sus sabores de agosto incluye “el diablo”, helado de chocolate con pimienta cayena), intentando cruzar la calle a mitad de cuadra (a donde fueres…), divisamos que a lo lejos se acercaba una nueva pandilla de ciclistas, esta vez compuesta por adultos caucásicos, todos vestidos de azul marino, con shorcitos, polera con cuello, casco y anteojos oscuros. Yo al principio pensé que se trataba de algún equipo de ciclistas profesionales entrenando para la próxima maratón o algo así….. y, bueno, tan equivocada no estaba, pues, ya más de cerca comprobamos que efectivamente eran ciclistas profesionales pero no de competición sino defensores de la ley y el orden! Lo mejor de todo fue que la veraniega patrulla policial se detuvo al frente de JP Licks, estacionaron sus relucientes vehículos no motorizados y entraron al local. Nosotros entramos detracito de ellos, pero en vez de presenciar un asalto a mano armada, un asesinato u otro tipo de acción criminal que atentara contra la paz ciudadana, los vimos a todos de lo mas ordenaditos haciendo la fila para comprar barquillos! Era realmente un espectáculo ver a esos seis grandulones con sus shorcitos y sus anteojos oscuros y sus pistolas comiendo helado como cabros chicos. Un verdadero “momento kodak” que no nos atrevimos a inmortalizar, aunque a juzgar por el orgullo y satisfacción que irradiaban los susodichos personajes, seguramente habrían accedido felices a posar ante la cámara si se lo hubiéramos pedido. De hecho, un niño que examinaba fascinado las poli-bicis fue interpelado por el primer paco que salió del local helado en mano pero no para ordenarle que mantuviera su distancia, como uno habría esperado, sino para explicarle con lujo de detalles todo sobre su “bike”, casi como si quisiera vendérsela. El niño escuchaba embobado, no había necesidad de preguntarle que quería ser cuando grande. Lo mejor de todo es que se notaba que conversaban “de igual a igual”…. Haciendo un poco de “research” nos enteramos de que habíamos tenido el honor de conocer a la “Mountain Bike Unit” del Depto. de Policía de Boston, que debutó en junio del 2005. Las bicis son marca Smith & Wesson (tal vez por la compra de la bici viene de regalo la pistola o viceversa), y vienen equipadas con luces azules, una luma en vez de bombín (que al parecer no necesitan porque las ruedas son a prueba de pinchazos) y una bocina que “supuestamente” imita el sonido de una sirena policial. Lamentablemente no tuvimos la suerte de escucharla pero leímos que causaba sensación, aunque al parecer no inspiraba mucho respeto. (Por si alguien se tienta, puede comprar una de estas “joyitas”en http://policebikestore.com/ pero no sé si el uniforme viene incluido…). El objetivo de la unidad cicletera es patrullar los barrios más violentos de la ciudad y sigilosamente sorprender a los maleantes in fraganti, gracias a lo silencioso de su medio de transporte. También son útiles para cuidar parques, estadios deportivos, conciertos y demás locaciones de difícil acceso para el automóvil. Lo curioso es que solo previenen o castigan los crímenes cometidos entre las 4pm y la medianoche, porque después de esa hora los barrios peligrosos se ponen “demasiado brígidos”. Según un artículo del Boston Globe los vecinos están contentos con la presencia de estos oficiales pedaleadores, pero opinan que si no se las dieran de cenicientos podrían ayudar mucho más a la comunidad. Pero quien podria condenarlos por no querer pasearse solos en bici por un barrio como La Legua a las 4 am en shorts y más encima con un barquillo en la mano?

Monday, August 6, 2007

Sudor y Helado


Vamos a tratar de escribir más seguido de ahora en adelante, y, para tener cierta regularidad, queremos asegurarles que vamos a postear aunque sea una foto el fin de semana para que haya alguna novedad los lunes. Así que, a falta de tiempo para redactar algunas anécdotas mas complejas que tenemos guardadas, les mostramos una foto del parque que está a dos cuadras de la casa (y a medio camino del hospital) donde se ve cómo la población de esta ciudad trata de mantenerse en forma, ya sea trotando, como el oriental medio pasado de peso con musculosa blanca, o pedaleando, como la veterana latina con su triciclo a juego con la ropa, o jugando a la pelota en la cancha de béisbol, como el trío de latinos que está atrás. Nosotros no hemos estado tan deportistas en los últimos días, y hoy decidimos pasar parte de nuestra tarde –un rato antes de tomar la foto- en una heladería en Cambridge (aunque no se preocupen: todavía no entramos en el sendero del ‘supersize-me’ e igual caminamos bastante el fin de semana). La elegida fue Ben & Jerry’s de Harvard Square. Esta es una cadena de helados que fundaron en los setentas un par de hippies de Vermont (donde parece que hay hartas vacas) después de hacer un curso de fabricación de helados por correspondencia, y después se hicieron famosos en todo el país por lo ingenioso de los nombres y sabores de los helados y por lo buena-onda (ayudan a varias organizaciones de beneficencia y hacen un día de barquillos gratis para su cumpleaños todos los años). Tan famosos que Unilever les compró la marca por muchos millones de dólares en el año 2000 y prometieron mantener la buena-onda. El 2001 a Ben, según la ya mencionada película Supersize-me, tuvieron que hacerle como 5 by-pass coronarios por comer tantos helados (aunque, si uno juzga por los maniquíes tamaño natural de los fundadores que hay en la tienda de Newbury St, no parecía estar tan gordo… Según lo que probamos en el Scooper-bowl (ver nota de hace algunas semanas), los helados están dentro de lo mejorcito que hay por acá, aunque en verdad hoy los elegimos solo porque pasamos por ahí cerca. Y descubrimos algo que cambió nuestra perspectiva… No sé si alguna vez lo comentamos en Chile, pero hace tiempo nos llamaba bastante la atención un helado “nuevo” (debe haber salido hace uno o dos años) de no nos acordamos si Savory o Bresler en sus líneas “Premium”, que traía chocolate en sus distintos colores y formas (helado, sólido y pasta) y que se llama ‘Chocolate Theraphy’, con ph final, es decir, creando una palabra inventada que se parece a therapy o terapia. Por meses esperamos una carta al Mercurio (del estilo de las surgidas por el Chile, all-ways surprising, aunque esa fue una polémica bastante fome en realidad) quejándose por lo vanos de los proyectos del bilingüismo que transmitía el ex ministro Bitar (aunque duró bien poco, así que quizás no fue tanto el esfuerzo), los males que generaba la Publicidad en el nivel cultural de la sociedad o simplemente riéndose de los fabricantes de helados por su error. Pues bien, hoy supimos que las razones pueden ser bastante más oscuras: en la pizarra de Ben & Jerry’s se anunciaba su sabor “Chocolate Therapy” seguido por la conocida sigla TM –trademark- en superscript. Puede ser que los tentáculos de esa patente hayan avivado las archi-conocidas viveza y falta de originalidad del chileno?? Si alguien tiene más información, nos encantaría saber. Lo peor es que no averiguamos si el helado se parece al chileno, porque, motivados por la sed que nos produjo el calor y la indigestión que nos suele producir la combinación de marketing con propiedad intelectual (ninguno muy fácil de tragar), nos conformamos con un smoothie de mango-piña-naranja-plátano. Life’s a Beach, se llamaba.

Wednesday, August 1, 2007

paseo a la playa


Cuando se vive en una ciudad no costera, ir a la playa se vuelve todo un acontecimiento. Hay que elegir la fecha, comprar pasaje/llenar el estanque, preparar el picnic, hacer la maleta/mochila, desempolvar los baldes, la carpa, el quitasol, el bikini, la toalla, el libro de turno, la cámara, las paletas, el bronceador…. sencillamente no hay cabida para la espontaneidad o la improvisación. Acá en cambio, la experiencia puede llegar a ser muy diferente. La nuestra comenzó cuando fuimos a conocer el Eastside de Boston, donde se asienta el infaltable barrio latino. (comentario de Jc: Lo entretenido es que se puede ir en Metro a través de la línea azul que se llama así porque va por un túnel submarino que tiene más de cien años y que al principio era para carretas y carros de sangre). A la salida del túnel, pudimos comprobar que, efectivamente, nuestra lengua materna reinaba en gloria y majestad. Decidimos almorzar en una especie de picada colombiana, un lugar tranquilo y acogedor (no como el primero que nos tincó, que por fuera parecía un restorán casero y por dentro resultó ser una especie de bar de mala muerte pasado a cerveza y repleto de intimidantes individuos que, al entrar nosotros, se dieron vuelta al unísono y nos lanzaron miradas furibundas… yo juraría que hasta escuché los “clics” de los gatillos). Una vez instalados en el luminoso y aireado y familiar “Mi Rancho” yo pasé el susto con un rico “muchacho relleno” (parecido a un pollo ganso, esa carne redonda y sin grasa que se deshilacha, relleno con verduras) y Jc, a pesar de no haberse asustado tanto, igual se devoró unas tostadas de patacones con carne “desmechada” y un plátano al horno relleno con queso paisa. Después de eso, aprovechando que no era tan tarde, que el día estaba soleado y que estábamos a mitad de camino, decidimos ir de paseo a la playa, así de repente, sin traje de baño, ni libro, ni flotador… Teníamos dos opciones: ir en metro (es decir, caminar un par de cuadras hasta la estación) o ir en micro (y caminar un par de pasos hasta el paradero). Nos decidimos por lo último, no tanto por flojera o por lo repletos que estábamos, sino porque pensamos que al irnos por la superficie podríamos ir mirando el paisaje. La cosa es que, para variar, tuvimos que esperar la famosa micro playera como 40 mins a todo sol. Además, se fue a 2 kms por hora, paró en toooodas las esquinas, se repletó de gente y como si esto fuera poco, el paisaje era horrible! Se fue por un camino interior pasando por puras calles comerciales tipo patronato y de la playa, ni pizca! Para rematar, cuando después de una hora de viaje logramos llegar a nuestro ansiado destino, la estación terminal, se puso a llover a cántaros! Así es que decidimos tomarnos el metro de vuelta sin siquiera haber visto el mar (Jc me corrige: la verdad es que sí pudimos ver el mar desde la micro, pero de la playa propiamente tal, ni pizca!). Sin embargo, todo parecía indicar que la increíble leyenda del balneario al que se puede llegar en metro era cierta, pues a la vuelta el vagón iba repleto de mojados y enarenados veraneantes que volvían a sus casas en traje de baño, con toallas y baldes y canastos de picnic (entre ellos, un grupo de jóvenes españoles… últimamente ha habido una invasión de habitantes de la madre patria). Y así terminó el primer intento. El segundo, hay que admitirlo, fue un poco más premeditado. Motivados por un concurso de castillos de arena, esta vez partimos antes de almuerzo, llevamos la cámara (aunque se nos olvidó el traje de baño) y nos fuimos en metro, siguiendo las instrucciones que aparecen en Internet: Directions: Take the Blue Line to Revere Beach or Wonderland Stations. Cross the street to the beach. Así es que justo eso hicimos, nos bajamos en Revere Beach Station, cruzamos la calle y oh, milagro! Apareció frente a nosotros en todo su esplendor el famoso balneario, primera playa pública en la historia de USA que abrió “sus puertas” en 1896 para aliviar a todos los acalorados bostonianos. El sol estaba radiante y no se había anunciado ningún thunderstorm weather alert (aunque acá nunca se sabe… y habría sido fatal para el concurso). La playa en sí misma no tiene nada especial, es una franja larga tipo La Serena, con arena blanca, cero vegetación, y agua bastante fría… la verdad es que yo la encontré pintoresca pero más bien fea. Estaba, como era de esperar, lleno de gente, toda apiñada en el sector donde se concentraba la “acción”: las esculturas de arena, la música, un mini escenario, el animador que anunciaba los ganadores por micrófono… Lo que brillaba por su ausencia: kioscos, paletas, pan de huevo, avioncitos pa los regalones (en pocas palabras, vendedores ambulantes) y lo más raro de todo, quitasoles!!! (no se les habrá ocurrido aún?). Las esculturas de arena eran bastante impresionantes, súper profesionales, cómo sería que hasta tenían patrocinadores y todo, pero nos decepcionamos un poco cuando descubrimos que estaban hechas con soportes de metal por dentro. La que más nos gustó fue una de Elvis, que les mostramos arriba, pero parece que no se ganó ningún premio. El público era bastante variado, pero llamaba la atención la relativa ausencia de orientales (parece que se toman muy en serio lo de los efectos dañinos del sol). Jc agrega que destacaba especialmente el gringo rucio rojo-como-pancora, y la gorda mal-hablada (habíamos comentado que acá son bien gritones?) tratando de arrear los cabros chicos y al marido (i.e, gritándole al enano y a quien quisiera escuchar: “where is your f***ing father!!!!), por supuesto mezclado con toda la variedad de tonos de café que se ven por acá (tanto índicos como arábicos como hispánicos como africánicos). Esta playa estuvo de moda hace más de cien años, y parece que su evolución fue media cartaginesa… Lo otro que destacaba eran los aviones (de verdad) “al alcance de la mano”, porque está cerca del aeropuerto y se ve cuando van bajando para aterrizar….. (acá termina el aporte de Jc). Después de una corta caminata por la orilla del mar, (durante la cual sentí que se me derretía el cerebro), cruzamos nuevamente la calle, esta vez en sentido contrario, y nos comimos unos sanguchitos en un local de comida rápida griega (submarinos de tuna salad y seafood salad –es decir atún o kanikama con mayo + lechuga y tomate-, aprovechando el aire marino) . Después nuevamente al metro y en media hora ya estábamos en la casita! Tal vez el tercer intento sea finalmente con traje de baño y chapuzón.

Tuesday, July 24, 2007

4 de Julio


Hemos estado medio flojos para escribir acá… y no es por falta de tema, quizás todo lo contrario. Hace varias semanas que habíamos anunciado comentar el esperado 4 de Julio, que en un país tan dado a la parafernalia prometía todo tipo de espectáculos y excesos nacionalistas. En verdad igual lo pasamos bien, pero fue medio decepcionante. Quizás porque veníamos acostumbrados a que en Chile apenas se avista Septiembre en el horizonte todo se empieza a llenar de banderas, cuecas, olor a cebolla y un sinnumero de ofertas de supermercado mientras que acá, pese a todas las expectativas, fue casi lo opuesto: salvo una que otra 4th of July Sale (generalmente unos días antes de la fecha), las celebraciones duraron, al menos en Boston, estrictamente el miércoles feriado y un poco de la tarde previa. Puede ser porque los días no están para bollos y acá los ánimos no son los mejores. Para nadie es novedad que este país ya no la lleva (cosa no más de ver el discurso de despedida de Tony Blair donde se ufanaba de lo contrario sobre el R.U. como su mayor obra; o ver en la tele de acá a Bill Clinton explicándole a unos estudiantes de high-school cómo eeuu en el futuro se tendrá que conformar con un lugar secundario, “aunque relevante” en el concierto de las naciones –“si los chinos y los indios son muchos más que nosotros y no tenemos motivos para pensar que sean menos inteligentes, entonces…”). De hecho, el articulo principal de la semana del 4 de Julio del Boston Phoenix, un diario tipo The Clinic, pero mas noble porque es gratis y viene con los eventos de la semana, se llamaba “America Blows” y se trataba de cómo “desde que cierto presidente tejano habita en Washigton” a los gringos les va mal en los deportes y ya no destacan en nada a nivel mundial (salvo en ponerle nombres fantasiosos a las parejas de celebridades del estilo de TomKat o Brangelina; si quieren lo pueden leer en http://thephoenix.com/article_ektid42670.aspx).

Imbuidos en este ambiente de fomedad, nos enteramos que lo tradicional de la celebración del día patrio era: no trabajar, vestirse con motivos alusivos a la bandera, hacer un asado (pero que en verdad es el pasatiempo favorito del verano, así que no lo ven como tan particular) y, lo mas importante, lo que verdaderamente es el sinónimo de la fecha para todo ciudadano: FUEGOS ARTIFICIALES. Como en Massachusetts esta prohibida su venta, incluyendo las estrellitas, (los verdaderos patriotas los contrabandean de New Hampshire, el estado vecino donde sí son legales), se trata principalmente de espectáculos institucionales organizados por las municipalidades, algunos restaurantes, o la mafia local (en realidad esto ultimo pasaba en NY según una niña del lab que vivió en el Bronx cuando iba a la Universidad Albert Einstein). Y dentro de todo, no podemos negar que Boston se enorgullece de tener uno de los espectáculos mas producidos, en que la orquesta sinfónica de la ciudad, los famosos Boston Pops, dan un concierto gratuito en un parque a las orillas del río Charles que siempre incluye la obertura 1812 con cañonazos de verdad (gentileza de la Armada) y finalmente, los fuegos sobre el río. La gente llega como a las 8 de la mañana al parque para tener buena ubicación (el concierto empieza a las 8 pm), con su mantita, sillas (algunos) y pic-nic. Nosotros fuimos la tarde antes para el tradicional ensayo. También se llena desde temprano, y el ambiente es entretenido. Al lado se ponen unos pocos puestos de comida que venden hot-dogs y fried-dough (que parece ser como un picaron gigante, pero sin hoyo… un tipo de sopaipilla quizas??) y más allá, una cantidad impresionante de baños químicos (yo conté una corrida de mas de 50 y no era la única). La orquesta suena harto bien, hay que decirlo (incluso el concierto del 4 lo transmiten en directo para todo el país). Al parecer acá en Boston no hay desfiles ni nada mas (a lo mas algunos disfrazados de la época de la independencia para unos eventos pagados, que por la impresión que nos dio al leer de qué se trataban, no son mucho mas que lo que habitualmente hay en la temporada turística).

Así que al final, el famoso día almorzamos unas hamburgers con nombres de los estados de la unión en The Pour House (ML una Massachusetts, la clásica y conservadora con lechuga y tomate, y yo una Hawai, con piña y cebolla) y después hicimos hora hasta las 10 de la noche en que caminamos al Harvard Bridge, que queda como a 10 minutos desde nuestra casa y nos unimos a la multitud (un poco disminuida por la lluvia) para ver los fuegos a las 10 y media, igual de cerca que para el año nuevo desde cardenal newman. Casi no vimos a nadie con ropa especial para la ocasión, aunque sí uno que otro estudiante endieciochado. Los fuegos los lanzan desde una balsa en medio del río y son bien impresionantes, más que nada por el entorno. Tenían algunas gracias especiales, que nosotros nunca habíamos visto, como fuegos que explotaban haciendo un dibujo en expansión (como el contorno de un cubo en 3D, una estrella o una cara feliz), pero que igual eran medio fomes, o mis favoritos, unos que subían súper lento y tenían forma de cometa (o pelota de badminton). En total el show pirotécnico dura 20 mins, como corresponde, y por supuesto que le gana a los de la municipalidad de las condes, aunque, para ser justos, nos parece que en Chile son un poco más preocupados de la combinación de los colores y los efectos, mientras que acá son más dados a tirar todos a la chuña. A la vuelta, un mar de gente se tomó Massachusetts Ave, mientras se iba caminando tranquilamente –salvo uno que otro petardo- hasta la casa. Al día siguiente en el lab nada de esto fue tema, sin embargo. Lo verdaderamente importante del día había pasado en NY, cuando Takeru Kobayashi, el campeón mundial de comer hot-dogs, invicto desde 2001, perdió su titulo, aunque con la mandíbula lesionada, frente al californiano Joe Chestnut que impuso la marca de 66 completos en 12 min, como se habrán enterado por la prensa internacional (por lo menos sé que apareció en lun).

Tuesday, July 10, 2007

Transboston ataca de nuevo

El jueves de la semana pasada tuve que almorzar casi de madrugada (tipín 12:15) para estar lista a tiempo para mi segundo día de trabajo sirviendo té y café en www.karmayogastudio.com . Con mi Charlieticket en mano caminé emocionada hasta la parada del bus M1 con destino a Harvard Square via Massachusetts Ave. Habiendo hecho este mismo recorrido en varias oportunidades, tenía calculado que el trayecto tomaba en total unos 30 mins y que el intervalo entre micros era de aproximadamente 15 mins o al menos así había sido hasta entonces… Primer mal augurio: después salir del edificio camino dos pasos y veo que la micro que me sirve justo está llegando al paradero, imposible alcanzarla, pero bueno, nunca tan terrible, espero otros 15 mins y listo. No había ni terminado de decirme esto a mi misma cuando veo –ahora sí con horror- que detracito de la primera viene una segunda M1, nuevamente imposible de alcanzar! así es que todos los cálculos se fueron por el desagüe. Con un suspiro seudoresignado me dispuse a esperar (a todo sol, porque al parecer, el presupuesto no alcanzo para construir un paradero en nuestra esquina). Luego de unos 20 mins y varios litros menos, se me ocurrió buscar un lugar de espera más benigno, aprovechando que acá hay casi un paradero por cuadra. Y efectivamente divisé muy cerca de donde estaba (aunque en la dirección contraria) un paradero propiamente tal, con banco y techo y publicidad y todo. Y casi alcancé a alegrarme un poco hasta que me di cuenta que el “techo” que yo esperaba me protegería del sol ardiente era de plástico transparente! oh, desilusión! Y me acordé de las sabias palabras de mi suegro Carlos Casar, que afirma siempre que los que diseñan los servicios de transporte público no andan en micro. Al parecer, acá pasa lo mismo. (Me imagino que en invierno el hermoso y estético techo transparente si servirá para protegerse de la lluvia pero en verano….) En fin, me quede ahí no mas, reloj en mano, un poco impaciente. Mi vecina de espera, una señora afroamericana mayor, tampoco se veía muy alegre. De hecho, de repente empezó a despotricar, blandiendo su bastón como si quisiera aforrarle a algún Cortazar local, que si habían prometido que los buses iban a pasar cada 10 mins, que ya nadie iba a ir apretujado, que todo iba a funcionar mejor…. “Puras mentiras!” reclamaba la indignada señora (cualquier parecido con la realidad de otros países es pura coincidencia). Como suele ocurrir en estos casos, no me quedaba claro si el discurso era para mí o si la señora hablaba sola, pero como no había nadie más cerca, yo asentía por si acaso. La cosa es que pasaban los minutos y M1 brillaba por su ausencia. Un par de veces divisamos una cosa blanca en la distancia y yo pensaba “ahí viene!” y resulta que era otro bus, más encima uno que, según mi vecina, andaba totalmente fuera de su ruta, cosa que la irritaba aún más, porque decía que todo funcionaba tan mal que ni los choferes sabían pa donde iba la micro. Después de 40 mins de espera, finalmente pasó el famoso bus. Yo ya no llegaba a la pega a tiempo ni en helicóptero así es que me resigné no más, al menos ya estaba encaminada cómodamente sentada, bajo techo y con un rico aire acondicionado. Alcanzamos a avanzar un par de metros, justo hasta la parada al frente de nuestra casa. La luz cambia a verde y la micro no avanza. Yo miro por la ventana y oh! Justo veo a un paco en la vereda en el instante en que agarra a un afroamericano (AA) alto y flaco y le dobla el brazo por detrás para inmovilizarlo y le empieza a revisar los bolsillos en busca de armas, supongo. Como sacado de TJ Hooker, Cops, NYPD, cualquiera de esas series. Todos los AA’s dentro del bus reaccionaron inmediatamente. Algunos se pararon a ver, incluso uno se bajó del bus y pasó al lado de ellos mirando feo, y todos parecían tensos, como listos para ir a sacarle la cresta al paco. Mi vecina de asiento me preguntaba qué había hecho el arrestado, pero yo nunca supe… la verdad es que se veía bastante pacifico, no oponía ninguna resistencia y más bien miraba con cara de no cachar nada. Lo peor de todo el asunto es que los pacos no encontraron nada mejor que dejar su súper patrulla en la mitad de la calle para realizar su “arresto”, así es que la ya hiperdemorada M1 no podía avanzar! Yo creo que esto molestó a los pasajeros aún más que la escena anterior. Empezaron a gritar que se moviera, que tenían que llegar al trabajo (preocupación que yo compartía) y cosas por el estilo. Después de unos mins, el paco chofer corrió un poco el auto y pudimos pasar. Después de esta inagotable serie de tropiezos finalmente logré llegar al trabajo, 20 mins tarde, pero con la media historia para justificar mi atraso (y eso incluyendo el tiempo extra que perdí por bajarme como 3 cuadras antes!). Moraleja: de ahora en adelante me voy caminando, muy tranquila y relajada sabiendo que pase lo que pase, me demoraré siempre 45 mins exactos.

Wednesday, July 4, 2007

cazador cazado (por el vino)


La semana pasada tuvimos una de nuestras grandes decepciones en esta ciudad/país. Uno de los signos del subdesarrollo de esta sociedad es su primitiva relación con el alcohol. Curiosamente Boston comparte, como todas las colonias fundadoras de este país, la rancia tradición del protestantismo abstemio, pero es también la sede de la mayor colonia de irlandeses, quienes, huyendo de la hambruna de las papas en el siglo XIX, aportaron con su entusiasta y báquico catolicismo. De hecho, Nueva Inglaterra fue el centro de la producción de ron en Estados Unidos (y Boston sede de la Gran Tragedia de la Melaza en 1919, cuando explotó un estanque gigante de melaza de una destilería, e inundó un barrio completo–el North End- con su pegajoso contenido, matando de paso 21 personas y varios caballos) hasta que el gobierno decidió fortalecer a la mafia con la Prohibición en los años 20 (se dice que es coincidencia, pero el estanque explotó justo el día antes de que se aprobara la enmienda constitucional que permitió la tristemente célebre ley). La cosa es que ya envenenados por esta atmósfera de sospecha que se respira alrededor de todo lo relacionado a la bebida, nos llevamos una gran sorpresa una tarde en el supermercado, cuando mirando el pasillo de comidas del mundo encontramos en el rincón latino una botella de vino para cocinar (marca Goya, que es la marca de la mitad de las conservas y aliños de origen hispanoamericano por acá), que no solo se podía comprar sin tener que mostrar el pasaporte, sino que además costaba como 2,5 dólares (versus los alrededor de 6 que cuesta el vino más barato). Siendo blanco, qué tan malo podía ser, sobre todo si lo mezclábamos con las frutillas que teníamos en el refrigerador para hacer el mejor borgoña… (hay que pensar que era en los días en que hacían 36 grados de calor). Así que felices por nuestro descubrimiento y pensando que nos hacíamos cómplices de la picardía latina que se venga cuando puede de los ingenuos gringos, compramos la botella (no sin antes revisar que efectivamente contenía 12,5 grados Gay-Lussac y no era como el Champín –para los que no saben, el champagne para niños, sin alcohol, que venden en el Jumbo). Pero en lo que no nos fijamos fue en que además tenía 1,5% de sal! (supuestamente para sazonar, aunque yo pienso que a lo mejor evita el avinagramiento). Como comparación el suero fisiológico tiene 0,9% y el agua de mar tiene 3,5%. Por suerte nos dimos cuenta al llegar a la casa, no voy a decir antes de descorcharlo -porque tenia tapa rosca-, pero sí antes de echarle las frutillas. Igual probé un sorbo: ASQUEROSO!!!! Y eso que se supone que la hipertensión arterial es uno de los enemigos públicos de este país…. En fin, un pequeño paso hacia atrás de la humanidad y un gran paso delante de la liga de damas contra la intemperancia de las personas…

Como compensación, al día siguiente, nos vimos obligados a comprar un vino de verdad y encontramos por solo 7 dólares uno para no echar tanto de menos al ya clásico García-Bernales: un vino verde portugués con denominación de origen, el CASAL-GARCIA. Un vino nuevo (del año), blanco y medio espumante, pero bastante rico. Así que ahora no nos queda otra que seguir las instrucciones, y estamos usando el Goya solo para cocinar (lo malo es que las cosas quedan medio saladas…).

Tuesday, June 26, 2007

Mente sana en cuerpo sano

Qué alivio! Al parecer, nuestros temores de sufrir los devastadores (o más bien reponedores) efectos de una dieta hiper enriquecida llena de grasas, carbohidratos y “calorías ocultas” resultaron injustificados: descubrimos que Massachusetts se ubica en los top 5 en el ranking de flacura de USA. Este honroso quinto lugar significa que “solo” el 20.7% de su población es obesa, es decir, que su Índice de masa corporal es >30 (por si alguien quiere calcular el suyo, IMC = peso/estatura2). Colorado ostenta el top 1 con 17.8% y Mississippi el top 1 de gordura con 30.9%. Este buen posicionamiento seguramente tiene directa relación con el gran número de trotadores que circulan por calles y plazas a toda hora y bajo cualquier tipo de clima (no se si admirar o insultar por descriteriados a los que lo hacen a las 12 del día con 34 grados de calor y a los que trotan empujando un coche con una guagua adentro), de gimnasios y supermercados que se sobran de vender solo comida saludable, siendo el termino “orgánico” uno de los mas sobrevalorados en esta ciudad. (Hemos notado, eso sí, un hecho curioso: toda esta gente que hace deporte y come sano tiende a ser de raza más bien pálida). Debido a esta afición por el estado físico no sorprende que se haya organizado una expo salud, la Boston Health & Fitness Expo 2007, con entrada gratuita. Esto último, sumado al hecho de que nos quedaba al lado de la casa, nos motivó a ir a investigar, confiando en que, aunque fuera una lata, al menos saldríamos con algún tipo de regalito, aunque fuese el clásico lápiz a pasta. El evento estaba patrocinado por una asociación de hospitales llamada “Partners Healthcare” (del cual el Children’s Hospital de JC no forma parte) y por dos canales de televisión, el 7-NBC y CW 56 (donde dan todas mis series favoritas). Los carteles que promocionaban la expo admitían abiertamente que el objetivo era “capturar la atención de miles de consumidores conscientes de la importancia de la salud” y prometían “toneladas de entretenidas actividades para la familia”, tales como bailes, yoga, soccer, golf y hasta buceo! (sí, tal como lo oyen, había una piscina gigante de esas portátiles pero era solo para niños). El lugar estaba repleto, y esta vez sí se observaba una gran diversidad étnica. Una de las cosas que más nos llamo la atención o más bien nos escandalizó, fue la gran cantidad de gente que voluntariamente hacia fila para que una enfermera les sacara sangre! El pinchazo era en el dedo pero jc casi se desmaya al verlo y la verdad es que a mí también se me revolvió un poco la guata. Suponemos que estos masoquistas querían saber su glicemia, colesterol y esas cosas, tal vez para averiguar si estaban al borde de un infarto o si podían seguir comiendo hamburguesas tranquilamente. Además del buceo bajo techo, los más pequeños tuvieron la oportunidad de vivir una experiencia única: hacer de conductores de un reporte del tiempo frente a las cámaras. Tenían que leer el pronóstico escrito en unos papeles ordinarios que les ponían delante y en una pantalla aparecía el niño/a con el típico mapa meteorológico detrás. (pero les faltaba el clásico gesto con la mano indicando para donde van los vientos y esas cosas). Esto les demuestra lo central que es el clima en la vida de los bostonianos, el cual, como ya les hemos contado, es insoportablemente cambiante e impredecible. Y como siempre, no podían faltar las celebridades: en esta oportunidad tuvimos el gusto de ver personalmente a la America’s next top model “CariDee English” (busqué en wikipaedia el origen de tan curioso nombre pero no encontré nada al respecto). Pero no crean que ella fue elegida para este evento solo por razones superficiales como su fama y belleza, sino porque es nada menos que la vocera oficial de la Fundación nacional contra la psoriais, enfermedad que la pobre sufre hace 15 años, y de la que se mejoró gracias a un remedio llamado Raptiva, por si a alguien le sirve el dato. Lamentablemente no pudimos sacarnos una foto con ella porque la fila era aún mayor que para pincharse, pero acá les pusimos su foto. También estaba presente el chico reality Erik Chopin, que se volvió célebre al perder la módica suma de 97,27 kilos ganando así el título de “biggest loser” (y 250 mil dólares). Como conclusión, de este evento sacamos las siguientes moralejas: que nunca se es demasiado joven para aspirar a una carrera televisiva, que las chicas feas pueden llegar a ser modelos, que los guatones gigantes pueden llegar a ser flacos y musculosos y que para hacer realidad los sueños hay que meterse a un reality show. Por nuestra parte, gracias a una leche chocolatada light, unas galletas sugar free y un lápiz a pasta con luz fosforescente nos fuimos más que satisfechos.
pd: para ver la asombrosa transformacion de erik:
http://www.people.com/people/article/0,,20004244,00.html
y la hermosa CariDee: http://www.carideeenglish.net/

Monday, June 18, 2007

transboston


Nosotros creímos que nos habíamos librado del transantiago huyendo a las tierras del orden y seguridad, pero la añoranza de las viejas micros amarillas continúa… Boston es una de las pocas ciudades de este pais donde se puede vivir sin auto, e incluso “the walking city” es uno de sus eslóganes turísticos (de los que gusta mofarse la ciudadanía que se expresa en un montón de periódicos gratis tipo The Clinic –del que no vale la pena recordar que no tiene nada de gratis). Su sistema de transporte público, que es conocido como el “T” no sabemos bien por qué (en rigor es el metro, pero también sale en los paraderos de micro), se supone que es súper organizado y el metro es el mas antiguo de los estados unidos (tipo 1890). Todo es dirigido desde la MBTA (Massachussets Bay Transit Authority) que tiene una página para planificar los viajes tipo transantiago, pero que además incluye unos ferrys y varios trenes de cercanías. Cuando yo estuve el año pasado, si bien el metro era bastante viejo y lento (y a las 7 de la tarde en algunas líneas estaba tan lleno ni podía envidiar al actual transantiaguino), y tomar micro después de las 9 de la noche era casi imposible, la cosa parecía funcionar en forma más o menos razonable. El problema es que ahora están embarcados en su propia reforma modernizadora: decidieron reemplazar unas fichas tipo Chuck-E-Cheese’s bastante anacrónicas que usaban hasta hace poco por la por todos conocida Tarjeta Bip!, que acá se llama la Charliecard (así como los boletos se llaman los Charlietickets, pero esa es una historia para mas adelante). No como en Stgo, sí parecen haber hecho esfuerzos para poner hartas mas maquinas dispensadoras de tarjetas o pasajes en las estaciones y locales cercanos. El problema es que subieron los pasajes bruscamente de 1,25 dólares a 2 (o 1,70 con la tarjeta), y que la mitad de la gente que no usa el transporte publico con frecuencia no tiene idea de cómo funciona esto de la tarjeta, así que la cosa no anda muy fluida ni la gente tan contenta. No se escucha gente alegando en la calle (nunca tanto tema como en chile, además que igual se pueden comprar unos pases semanales o mensuales que son bastante baratos), pero los alegatos sí son portada de los diarios como una vez por semana… De hecho nosotros mismos fuimos víctimas de la última del Transboston el fin de semana pasado. Teníamos que juntarnos con otro postdoc del laboratorio que vive al lado de una estación de metro mas lejos que la de nosotros (y en otra línea) para ir a la fiesta de nuestro jefe en su casa en las afueras de la ciudad, así que nos fuimos tranquilamente en metro hasta que de repente avisaron por el parlante que hasta esa estación no más llegaba el servicio y que seguíamos en bus. “Un clón metro” pensamos nosotros, pero estábamos equivocados porque paró en una estación más y después se metió en una autopista y siguió hasta la Terminal. Ahí tuvimos que tomarnos el bus de vuelta que nos dejo en la mitad de la nada y caminar varias cuadras para llegar a la cita como 40 minutos tarde. Por suerte mi amigo se sentía culpable porque él nos había recomendado que nos fuéramos en T antes de saber de los cortes (van a cerrar toda la línea durante el verano, para hacer reparaciones), así que nos estaba esperando y al final todo tuvo final feliz (o casi, porque entre medio se había puesto a llover).

Thursday, June 14, 2007

I SCREAM, YOU SCREAM, WE ALL SCREAM FOR ICE CREAM!


El día 6 de junio fue literalmente el día más feliz de mi vida (o al menos el más feliz desde que llegamos a esta ciudad). Gracias a la revista de difusión gratuita The Improper Bostonian (www.improper.com) tuvimos la suerte de enterarnos de un magnifico evento llamado “The Scooperbowl” versión XXV (dato freak: para los menos familiarizados con los frecuentes pero casi siempre bastante ingeniosos juegos de palabras gringos, el título alude al famoso torneo de fútbol americano, el Superbowl (supertazón), pero en este caso usaron la palabra “scoop” que significa una cucharada o una bola de helado. Por ejemplo, al comprar un barquillo te preguntan “one or two scoops”?). En fin, este evento es a beneficio de la Fundación Jimmy Fund que junta plata para los niños con cáncer. Se lleva a cabo en el City Hall Plaza y consiste en que por la módica suma de $7 (como referencia, en el comercio, un vasito cuesta entre 4 y 5 dolares) te entregan una cuchara de plástico y puedes comer todo el helado que quieras!!!!!! Un all-you-can-eat ice cream festival!!! Es como una especie de kermés al aire libre, en se ponen una serie de stands con las mejores marcas de helados (baskin-robbins, ben & jerry’s, haggendaz, eddys y otras marcas gringas que no conocíamos) y uno se acerca con su cuchara y te pasan un típico “vasito” con helados de distintos sabores. Yo, acostumbrada al modo como funcionan las cosas en nuestro querido país de origen, antes de ir pensé “claro, suena fantástico, pero fijo que te dan un miligramo de helado y se va a acabar en 5 mins”. Pero nooooooo! Afortunadamente estaba completamente equivocada. Con la grandiosidad que caracteriza a estos habitantes, especialmente en lo que se refiere a todo lo alimenticio, resulta que cada vasito contenía al menos un generoso scoop! Y para que se hagan una idea de la cantidad de helado donada, el evento duró tres días, de 3-9 pm!!!! Imagínense! Así es que si uno quiere y puede (y había mas de algún obeso que definitivamente podía), uno puede pasar SEIS HORAS CONSECUTIVAS COMIENDO HELADO SIN PARAR!!!!. Y de excelentísima calidad. La verdad es que fue como un sueño hecho realidad… Con jc cada vez que probábamos una marca decíamos “esta es lejos la mejor” hasta que probábamos la siguiente y cambiábamos de opinión. Lo más pintoresco: un sabor de Eddys llamado Cherry García! (otro dato freak: investigando en wikipaedia me enteré de que el helado fue bautizado en honor al guitarrista de los Grateful Dead, Jerry García y consiste en helado de guinda con trozos de chocolate. Al principio estaba hecho con trozos de guindas rojas pero después de la muerte del músico inspirador en 1986, empezaron a usar guindas negras en señal de luto. Mi pariente Jerry murió obeso y diabético, capaz que por comer demasiado helado…). Como si todo lo anterior fuera poco, también cantaron en vivo los ganadores de American Idol “Ayla Brown”-5ª temporada y “Nick Pedro” (gran nombre!)-6ª temporada. Nosotros divisamos de reojo una gente cantando sobre una tarima pero obvio que nunca cachamos que eran “famosos”. Otras atracciones que no tuvimos la suerte de presenciar pero que salían muy recomendadas en el Improper eran: un celebrity dunk tank (eso típico de las películas en que hay una persona sentada sobre un tanque de agua y tiras una pelota y si le achuntas, se cae al tanque y todos se ríen) (yo creo que en Chile este jueguito tendría ene éxito, cuánta gente pagaría feliz cualquier plata por la oportunidad de tirar al agua a algunos políticos o a Quenita Larrain….) y las cheerleaders del equipo de fútbol americano The New England Patriots, que iban a estar firmando autógrafos (no conozco a las chiquillas pero me imagino que deben ser muy simpáticas). Y lo mejor de todo este maravilloso e inverosímil acontecimiento es que se repite todos los años! Así es ya saben, si alguien quiere venir a visitarnos, la primera semana de junio podria ser una excelente fecha (yo ya estoy contando los días que faltan para volver a ir!) -FIN-.

Wednesday, June 6, 2007

en chinatown


Nuevas aventuras en el patio trasero de Latinoamérica. El domingo teníamos que comprar algunas cosas chicas pal depto (como individuales o un secaplatos) y se nos ocurrió que Chinatown podría ser una buena opción (porque es medio como patronato, aunque menos textil). Al final en el barrio chino, que por lo demás tiene como 3 x 4 cuadras, no encontramos nada de lo que buscábamos, pero como era la hora de almuerzo entramos al Imperial Garden, que se especializa en dim-sums el fin de semana. Chinatown queda al lado del Theatre District, y el mentado jardín es un restaurant chino que queda en un antiguo teatro, con una entrada como el Normandie, hay que subir por una escalera amplia y en el segundo piso, en lo que era el teatro propiamente tal está el restaurant, con las paredes pintadas como el municipal, pero mas kitsch, con harto dorado, algunos dragones rojos de ojos luminosos y como mil mesas, todas llenas, casi con puros orientales y entremedio unas señoras vestidas de mozas que empujaban unos carritos y llegaban a ofrecer a la mesa pequeñas porciones de dim sums que son estos bocadillos chinos estilo arrollado primavera, pero de mil formas: fritos, al vapor, sin relleno o rellenos de arroz, con camarones, chancho o verduras (para mayor información ver http://en.wikipedia.org/wiki/Dim_sum). También traían unos brócolis que eran casi puro tallo y hojas, que los terminaban de hervir en el mismo carrito y después las aliñaban con salsa de soya y otras salsas, bien ricos. Cada vez que uno elegía algo hacían una marca en una tarjeta que estaba en la mesa, y así calculaban la cuenta final. El agua y el tradicional (supimos después de leer wikipedia) té, en este caso de jazmín, por cuenta de la casa. También circulaban unos queques con mala pinta y unas tartitas con crema pastelera que parece que también son de lo mas típico, pero no las probamos. Además de las mozas, había unos mozos que no llevaban la comida, pero sí el te y eran los que se sabían los precios de las cosas (le preguntamos a una chinita cuánto costaba lo que estábamos eligiendo y no tenía idea). Igual, toda la experiencia fue de película. Arriba, una foto del final, cuando ya se habia ido casi toda la gente (tipo 2 de la tarde). Conclusión: felices, porque además pudimos comprar todo lo que necesitábamos un par de cuadras más allá, en pleno centro. Lo unico que no vimos fue un acuario (¿?).