Tuesday, July 24, 2007

4 de Julio


Hemos estado medio flojos para escribir acá… y no es por falta de tema, quizás todo lo contrario. Hace varias semanas que habíamos anunciado comentar el esperado 4 de Julio, que en un país tan dado a la parafernalia prometía todo tipo de espectáculos y excesos nacionalistas. En verdad igual lo pasamos bien, pero fue medio decepcionante. Quizás porque veníamos acostumbrados a que en Chile apenas se avista Septiembre en el horizonte todo se empieza a llenar de banderas, cuecas, olor a cebolla y un sinnumero de ofertas de supermercado mientras que acá, pese a todas las expectativas, fue casi lo opuesto: salvo una que otra 4th of July Sale (generalmente unos días antes de la fecha), las celebraciones duraron, al menos en Boston, estrictamente el miércoles feriado y un poco de la tarde previa. Puede ser porque los días no están para bollos y acá los ánimos no son los mejores. Para nadie es novedad que este país ya no la lleva (cosa no más de ver el discurso de despedida de Tony Blair donde se ufanaba de lo contrario sobre el R.U. como su mayor obra; o ver en la tele de acá a Bill Clinton explicándole a unos estudiantes de high-school cómo eeuu en el futuro se tendrá que conformar con un lugar secundario, “aunque relevante” en el concierto de las naciones –“si los chinos y los indios son muchos más que nosotros y no tenemos motivos para pensar que sean menos inteligentes, entonces…”). De hecho, el articulo principal de la semana del 4 de Julio del Boston Phoenix, un diario tipo The Clinic, pero mas noble porque es gratis y viene con los eventos de la semana, se llamaba “America Blows” y se trataba de cómo “desde que cierto presidente tejano habita en Washigton” a los gringos les va mal en los deportes y ya no destacan en nada a nivel mundial (salvo en ponerle nombres fantasiosos a las parejas de celebridades del estilo de TomKat o Brangelina; si quieren lo pueden leer en http://thephoenix.com/article_ektid42670.aspx).

Imbuidos en este ambiente de fomedad, nos enteramos que lo tradicional de la celebración del día patrio era: no trabajar, vestirse con motivos alusivos a la bandera, hacer un asado (pero que en verdad es el pasatiempo favorito del verano, así que no lo ven como tan particular) y, lo mas importante, lo que verdaderamente es el sinónimo de la fecha para todo ciudadano: FUEGOS ARTIFICIALES. Como en Massachusetts esta prohibida su venta, incluyendo las estrellitas, (los verdaderos patriotas los contrabandean de New Hampshire, el estado vecino donde sí son legales), se trata principalmente de espectáculos institucionales organizados por las municipalidades, algunos restaurantes, o la mafia local (en realidad esto ultimo pasaba en NY según una niña del lab que vivió en el Bronx cuando iba a la Universidad Albert Einstein). Y dentro de todo, no podemos negar que Boston se enorgullece de tener uno de los espectáculos mas producidos, en que la orquesta sinfónica de la ciudad, los famosos Boston Pops, dan un concierto gratuito en un parque a las orillas del río Charles que siempre incluye la obertura 1812 con cañonazos de verdad (gentileza de la Armada) y finalmente, los fuegos sobre el río. La gente llega como a las 8 de la mañana al parque para tener buena ubicación (el concierto empieza a las 8 pm), con su mantita, sillas (algunos) y pic-nic. Nosotros fuimos la tarde antes para el tradicional ensayo. También se llena desde temprano, y el ambiente es entretenido. Al lado se ponen unos pocos puestos de comida que venden hot-dogs y fried-dough (que parece ser como un picaron gigante, pero sin hoyo… un tipo de sopaipilla quizas??) y más allá, una cantidad impresionante de baños químicos (yo conté una corrida de mas de 50 y no era la única). La orquesta suena harto bien, hay que decirlo (incluso el concierto del 4 lo transmiten en directo para todo el país). Al parecer acá en Boston no hay desfiles ni nada mas (a lo mas algunos disfrazados de la época de la independencia para unos eventos pagados, que por la impresión que nos dio al leer de qué se trataban, no son mucho mas que lo que habitualmente hay en la temporada turística).

Así que al final, el famoso día almorzamos unas hamburgers con nombres de los estados de la unión en The Pour House (ML una Massachusetts, la clásica y conservadora con lechuga y tomate, y yo una Hawai, con piña y cebolla) y después hicimos hora hasta las 10 de la noche en que caminamos al Harvard Bridge, que queda como a 10 minutos desde nuestra casa y nos unimos a la multitud (un poco disminuida por la lluvia) para ver los fuegos a las 10 y media, igual de cerca que para el año nuevo desde cardenal newman. Casi no vimos a nadie con ropa especial para la ocasión, aunque sí uno que otro estudiante endieciochado. Los fuegos los lanzan desde una balsa en medio del río y son bien impresionantes, más que nada por el entorno. Tenían algunas gracias especiales, que nosotros nunca habíamos visto, como fuegos que explotaban haciendo un dibujo en expansión (como el contorno de un cubo en 3D, una estrella o una cara feliz), pero que igual eran medio fomes, o mis favoritos, unos que subían súper lento y tenían forma de cometa (o pelota de badminton). En total el show pirotécnico dura 20 mins, como corresponde, y por supuesto que le gana a los de la municipalidad de las condes, aunque, para ser justos, nos parece que en Chile son un poco más preocupados de la combinación de los colores y los efectos, mientras que acá son más dados a tirar todos a la chuña. A la vuelta, un mar de gente se tomó Massachusetts Ave, mientras se iba caminando tranquilamente –salvo uno que otro petardo- hasta la casa. Al día siguiente en el lab nada de esto fue tema, sin embargo. Lo verdaderamente importante del día había pasado en NY, cuando Takeru Kobayashi, el campeón mundial de comer hot-dogs, invicto desde 2001, perdió su titulo, aunque con la mandíbula lesionada, frente al californiano Joe Chestnut que impuso la marca de 66 completos en 12 min, como se habrán enterado por la prensa internacional (por lo menos sé que apareció en lun).

Tuesday, July 10, 2007

Transboston ataca de nuevo

El jueves de la semana pasada tuve que almorzar casi de madrugada (tipín 12:15) para estar lista a tiempo para mi segundo día de trabajo sirviendo té y café en www.karmayogastudio.com . Con mi Charlieticket en mano caminé emocionada hasta la parada del bus M1 con destino a Harvard Square via Massachusetts Ave. Habiendo hecho este mismo recorrido en varias oportunidades, tenía calculado que el trayecto tomaba en total unos 30 mins y que el intervalo entre micros era de aproximadamente 15 mins o al menos así había sido hasta entonces… Primer mal augurio: después salir del edificio camino dos pasos y veo que la micro que me sirve justo está llegando al paradero, imposible alcanzarla, pero bueno, nunca tan terrible, espero otros 15 mins y listo. No había ni terminado de decirme esto a mi misma cuando veo –ahora sí con horror- que detracito de la primera viene una segunda M1, nuevamente imposible de alcanzar! así es que todos los cálculos se fueron por el desagüe. Con un suspiro seudoresignado me dispuse a esperar (a todo sol, porque al parecer, el presupuesto no alcanzo para construir un paradero en nuestra esquina). Luego de unos 20 mins y varios litros menos, se me ocurrió buscar un lugar de espera más benigno, aprovechando que acá hay casi un paradero por cuadra. Y efectivamente divisé muy cerca de donde estaba (aunque en la dirección contraria) un paradero propiamente tal, con banco y techo y publicidad y todo. Y casi alcancé a alegrarme un poco hasta que me di cuenta que el “techo” que yo esperaba me protegería del sol ardiente era de plástico transparente! oh, desilusión! Y me acordé de las sabias palabras de mi suegro Carlos Casar, que afirma siempre que los que diseñan los servicios de transporte público no andan en micro. Al parecer, acá pasa lo mismo. (Me imagino que en invierno el hermoso y estético techo transparente si servirá para protegerse de la lluvia pero en verano….) En fin, me quede ahí no mas, reloj en mano, un poco impaciente. Mi vecina de espera, una señora afroamericana mayor, tampoco se veía muy alegre. De hecho, de repente empezó a despotricar, blandiendo su bastón como si quisiera aforrarle a algún Cortazar local, que si habían prometido que los buses iban a pasar cada 10 mins, que ya nadie iba a ir apretujado, que todo iba a funcionar mejor…. “Puras mentiras!” reclamaba la indignada señora (cualquier parecido con la realidad de otros países es pura coincidencia). Como suele ocurrir en estos casos, no me quedaba claro si el discurso era para mí o si la señora hablaba sola, pero como no había nadie más cerca, yo asentía por si acaso. La cosa es que pasaban los minutos y M1 brillaba por su ausencia. Un par de veces divisamos una cosa blanca en la distancia y yo pensaba “ahí viene!” y resulta que era otro bus, más encima uno que, según mi vecina, andaba totalmente fuera de su ruta, cosa que la irritaba aún más, porque decía que todo funcionaba tan mal que ni los choferes sabían pa donde iba la micro. Después de 40 mins de espera, finalmente pasó el famoso bus. Yo ya no llegaba a la pega a tiempo ni en helicóptero así es que me resigné no más, al menos ya estaba encaminada cómodamente sentada, bajo techo y con un rico aire acondicionado. Alcanzamos a avanzar un par de metros, justo hasta la parada al frente de nuestra casa. La luz cambia a verde y la micro no avanza. Yo miro por la ventana y oh! Justo veo a un paco en la vereda en el instante en que agarra a un afroamericano (AA) alto y flaco y le dobla el brazo por detrás para inmovilizarlo y le empieza a revisar los bolsillos en busca de armas, supongo. Como sacado de TJ Hooker, Cops, NYPD, cualquiera de esas series. Todos los AA’s dentro del bus reaccionaron inmediatamente. Algunos se pararon a ver, incluso uno se bajó del bus y pasó al lado de ellos mirando feo, y todos parecían tensos, como listos para ir a sacarle la cresta al paco. Mi vecina de asiento me preguntaba qué había hecho el arrestado, pero yo nunca supe… la verdad es que se veía bastante pacifico, no oponía ninguna resistencia y más bien miraba con cara de no cachar nada. Lo peor de todo el asunto es que los pacos no encontraron nada mejor que dejar su súper patrulla en la mitad de la calle para realizar su “arresto”, así es que la ya hiperdemorada M1 no podía avanzar! Yo creo que esto molestó a los pasajeros aún más que la escena anterior. Empezaron a gritar que se moviera, que tenían que llegar al trabajo (preocupación que yo compartía) y cosas por el estilo. Después de unos mins, el paco chofer corrió un poco el auto y pudimos pasar. Después de esta inagotable serie de tropiezos finalmente logré llegar al trabajo, 20 mins tarde, pero con la media historia para justificar mi atraso (y eso incluyendo el tiempo extra que perdí por bajarme como 3 cuadras antes!). Moraleja: de ahora en adelante me voy caminando, muy tranquila y relajada sabiendo que pase lo que pase, me demoraré siempre 45 mins exactos.

Wednesday, July 4, 2007

cazador cazado (por el vino)


La semana pasada tuvimos una de nuestras grandes decepciones en esta ciudad/país. Uno de los signos del subdesarrollo de esta sociedad es su primitiva relación con el alcohol. Curiosamente Boston comparte, como todas las colonias fundadoras de este país, la rancia tradición del protestantismo abstemio, pero es también la sede de la mayor colonia de irlandeses, quienes, huyendo de la hambruna de las papas en el siglo XIX, aportaron con su entusiasta y báquico catolicismo. De hecho, Nueva Inglaterra fue el centro de la producción de ron en Estados Unidos (y Boston sede de la Gran Tragedia de la Melaza en 1919, cuando explotó un estanque gigante de melaza de una destilería, e inundó un barrio completo–el North End- con su pegajoso contenido, matando de paso 21 personas y varios caballos) hasta que el gobierno decidió fortalecer a la mafia con la Prohibición en los años 20 (se dice que es coincidencia, pero el estanque explotó justo el día antes de que se aprobara la enmienda constitucional que permitió la tristemente célebre ley). La cosa es que ya envenenados por esta atmósfera de sospecha que se respira alrededor de todo lo relacionado a la bebida, nos llevamos una gran sorpresa una tarde en el supermercado, cuando mirando el pasillo de comidas del mundo encontramos en el rincón latino una botella de vino para cocinar (marca Goya, que es la marca de la mitad de las conservas y aliños de origen hispanoamericano por acá), que no solo se podía comprar sin tener que mostrar el pasaporte, sino que además costaba como 2,5 dólares (versus los alrededor de 6 que cuesta el vino más barato). Siendo blanco, qué tan malo podía ser, sobre todo si lo mezclábamos con las frutillas que teníamos en el refrigerador para hacer el mejor borgoña… (hay que pensar que era en los días en que hacían 36 grados de calor). Así que felices por nuestro descubrimiento y pensando que nos hacíamos cómplices de la picardía latina que se venga cuando puede de los ingenuos gringos, compramos la botella (no sin antes revisar que efectivamente contenía 12,5 grados Gay-Lussac y no era como el Champín –para los que no saben, el champagne para niños, sin alcohol, que venden en el Jumbo). Pero en lo que no nos fijamos fue en que además tenía 1,5% de sal! (supuestamente para sazonar, aunque yo pienso que a lo mejor evita el avinagramiento). Como comparación el suero fisiológico tiene 0,9% y el agua de mar tiene 3,5%. Por suerte nos dimos cuenta al llegar a la casa, no voy a decir antes de descorcharlo -porque tenia tapa rosca-, pero sí antes de echarle las frutillas. Igual probé un sorbo: ASQUEROSO!!!! Y eso que se supone que la hipertensión arterial es uno de los enemigos públicos de este país…. En fin, un pequeño paso hacia atrás de la humanidad y un gran paso delante de la liga de damas contra la intemperancia de las personas…

Como compensación, al día siguiente, nos vimos obligados a comprar un vino de verdad y encontramos por solo 7 dólares uno para no echar tanto de menos al ya clásico García-Bernales: un vino verde portugués con denominación de origen, el CASAL-GARCIA. Un vino nuevo (del año), blanco y medio espumante, pero bastante rico. Así que ahora no nos queda otra que seguir las instrucciones, y estamos usando el Goya solo para cocinar (lo malo es que las cosas quedan medio saladas…).