
Acá en Boston, por fin llegó la primavera: pese a que en general todavía hace un poco de frío, algunos días la temperatura llega a los 18 grados, el pasto –que hasta hace dos semanas estaba amarillo y quemado por la nieve- ahora crece verde brillante y parejo y por las calles ya se ve gente con hawaiianas, tulipanes en el suelo y flores en los árboles, que siguen todavía casi sin hojas. Sin embargo el pasado invierno nos dará tema para, por primera vez en la sección etiquetada como “flora y fauna” de este blog, hablar de un miembro del reino vegetal. Por una relativamente corta temporada aparecieron en el supermercado una variedad para nosotros desconocida de naranjas: las “blood oranges”. Por fuera son casi iguales a las otras, aunque de color un poco más opaco y a veces con un tono rojizo en algunas áreas. Pero al partirlas, los gajos pueden llegar a ser de un morado intenso, como aparece en la foto. No todas son tan sangre de toro en todo caso, algunas son naranjas pero con pintas moradas en algunas celditas…Según wikipedia son un híbrido entre pomelo y tangerina creado probablemente en Sicilia hace siglos. De hecho, se supone que son las naranjas de mesa más comunes en Italia, y también hay algunas variedades españolas. Son ricas, en todo caso, bien dulces, pero con un gustillo a pomelo también. Y ya que estamos hablando de cítricos, hay que decir que en verdad no nos gustan las naranjas que venden en este país: en invierno por lo menos son comibles, aunque demasiado dulces y sin ninguna acidez; en primavera y verano, tienen todas un terrible gusto a pasado.